Vivencias con zuritas
El motivo de escribir este artÃculo se debe a dos razones fundamentales:
- La primera, el artÃculo del Sr. D. Luis Montiel Bueno, de Jaén, sobre la zurita y lo que puede suponer su aportación a muchas caracterÃsticas de nuestras razas, bastante deterioradas por la gran consanguinidad existente entre ellas.
- Y la segunda, la anécdota que me contó un columbicultor y mejor amigo, José Ortiz Dorado, más conocido, en el ámbito palomero con el apelativo “Pepe el de los rojos”, pues en sus años de chaval, casi todos sus palomos eran de color rojo y algún que otro negro.
Actualmente, sus palomos son de color azul y alguno negro. Quisiera aclarar que la raza que cultiva el amigo Pepe es la del L. Sevillano.
La anécdota que me contó este señor es que a una distancia de unos 200 ó 300 metros de su palomar, en una casa deshabitada moraba una pareja de zuritos, los cuales iban a comer a su palomar. Atrapado el macho, la hembra siguió yendo a comer unos cuantos dÃas más, hasta que el celo y la perseverancia de un macho de unos 3 ó 4 años consiguió acorellarla y entrarÃa en su cajón, a los 7 u 8 dÃas la hembra puso un celo de huevos.
El amigo Pepe tiene un hijo de unos 4 años de edad, Diego, que está siguiendo los pasos de su progenitor en cuanto a su futura afición. AsÃ, anda siempre en el palomar y este lance por supuesto no lo pasó por alto y observaba las evoluciones de la zurita, llegando a tocar los huevos. A los pocos dÃas, la zurita empujó los huevos del rincón del cajón a la salida del mismo, y asà estar presta a la huida en el momento que subÃan al palomar.
Pasados 8 ó 10 dÃas el amigo Pepe cogió la zurita y la llevó a la huerta de un amigo, distante unos 5 ó 6 kilómetros de su casa. Su promesa fue que al cabo de unos dÃas la zurita apareció en el palomar, pero no se fue con el macho anterior pese a los intentos de él por llevárselo a su cajón (la zurita), sino que se acollera con otro macho de la edad más o menos que el anterior, pero ahora, su afán es llevar al macho a la casa deshabitada, por lo que pone todas sus dotes seductoras en el asador con carrillos por el pretil y salidas. Sin embargo, toda su constancia y esfuerzo fueron en vano, él la seguÃa y a su vez la trabajaba en el aire pero donde ella querÃa que entrase el decÃa nones.
A los pocos dÃas viendo que no podÃa llevárselo optó por cambiar de macho, un pichón del año, de color azul. Asà la zurita, comenzó su trabajo de seducción pero no consiguió mucho más que con los anteriores.
Vuelta a cambiar de macho y esta vez también de color; eligió un pichón del año, negro, con éste las cosas cambiarÃan y después de unos escarceos amorosos consiguió llevárselo a la casa deshabitada. El amigo Pepe veÃa cómo el pichón iba y venia, quedándose algunas noches con la zurita decidió encerrar el pichón. Esta al verse sin su galante caballero negro no apareció en unos dÃas, pero el hambre le obligó aparecer en escena y de paso, intentar conquistar a otro pichón negro hermano del anterior. Pero, a la dama en cuestión se le ocurrió meterse en el cuarto destinado a las hembras en celo, por una pequeña ventana, de la que no supo salir después. Asà es como terminó su hazaña de cazadora.
Por todo ello, le dije al amigo Pepe que una pájara asà merecÃa un homenaje, el cual, he intentado plasmar con este articulo, a la gran clase demostrada por ella y a la conservación del L. Sevillano con algunas excepciones como en este caso.
