Palomas Buchonas

Diciembre 26, 2005

Columbicultura rafael yuste

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:32 am

El antiguo aficionado español ha criado palomas, tratando de conseguir que estos animales posean unas figuras anatómicas determinadas, caracteres morfológicos distintos en cada variedad, coloraciones de plumas vistosas, lograr que los animales adopten determinadas figuras o posturas durante sus vuelos y que posean los caracteres de: garbo, trapío y arrogancia. También ha cuidado el columbicultor español que sus palomas conserven los instintos de seducción, persecución y conservación que poseen las palomas españolas desde sus orígenes y que las hace distintas a las del resto del mundo.

Si nos remontamos al siglo VIII, empezaremos a entender la peculiar forma de interpretar la columbicultura en España.

Los árabes durante la invasión de España, introdujeron algunas razas de palomas que se cruzaron con las autóctonas de aquella época, dando origen por el cruzamiento a otras nuevas variedades que con el tiempo se han convertido en nuevas razas de las cuales algunas han llegado hasta nuestros días y otras han desaparecido.

Los árabes son grandes amantes de la práctica de la cetrería, y el juego o divertimiento con las palomas es una variedad de este deporte que ellos practicaron durante los ocho siglos de permanencia en nuestro país. Valiéndose de las dotes de seducción y conquista de las palomas, las empleaban para la caza o el rapto de otras palomas; esta forma de practicar la afición ha llegado hasta nuestros días y esta es la consecuencia del por qué la paloma española es conocida como paloma ladrona.

Donde más arraigada está la afición es precisamente en los lugares donde mayor influencia y trascendencia tuvieron los árabes.

Contamos con algunos escritos y documentos que en cierto modo algo nos dicen de nuestra colombicultura del pasado. Considero interesante que estos sean conocidos por todos nosotros y lo que en ellos se dice de nuestras palomas. Siguiendo un poco el orden cronológico, el testimonio más antiguo que hasta la fecha hemos encontrado es el de Ben-Wafid (1008-1075). Médico y botánico. Escribió el Tratado de Agricultura y en éste dedica un capítulo a la cría de las palomas. Lo titula “De criar palomas y de medicinarías”. Este es el primer libro que nos da una descripción detallada de lo que una buena paloma debía mostrar físicamente y de sus actitudes para el vuelo, sistema de cría, etc.

Describe varias razas que existían en esa fecha y traemos aquí la descripción de la que él llama “La Alharaca”, raza ésta que para mi es el antepasado de nuestro Rafeño.

Alharaca significa: temperamental, bullidor, movimiento (cualidades éstas que ha heredado nuestra paloma).

Ben-Wafid nos describe a la paloma Alharaca diciendo: ‘Se distingue por la figura en que tenga el pescuezo bien infiesto y la cabeza redonda y no muy grande ni muy pequeña y en las narices anchas y el pico corto más que no sea delgado y el pecho ancho y lleno y en los hombros altos y el cuello largo y las alas encogidas y las plumas de las alas largas mas no demasiado, en que tengan las patas cortas y los ojos encendidos. Que se muevan mucho, que cuando vuelen tiendan el pescuezo y que no se peleen”.

En el libro de Levi-Provencal El tratado de lbn Abdund se nos habla de la Sevilla de comienzos del siglo XII. En este libro figuran unas normas dirigidas a los distintos gremios y comerciantes de la ciudad para que sean tenidas en cuenta y respetadas para el buen funcionamiento en el trabajo y en el comercio.

En la norma 141 dice: Prohíbase en absoluto la venta de palomos Ladrones, que no emplean más que la gente amiga de lo ajeno y sin religión. Si de algún tratante se sabe que es trapacero y no obra como debe, échesele del zoco por ladrón, vigilésele y no se emplee”. Esta norma nos demuestra que ya en el siglo XII existían aficionados que aprovechaban las dotes de seducción y conquista de las palomas para utilizarlas en la caza y captura de otras.

Altamira Raventós, doctor en ciencias naturales, en su libro La Joya Colombófila, publicado en 1924, nos dice: “Hace algunos años conocí en Játiva al abogado Miguel Albalat, que poseía un manuscrito que perteneció a un posible franciscano el cual además de la paloma buchona que cultivó durante más de cuarenta años, había extensamente de las mensajeras valencianas: Magaña y Azul de la estrella. Puede decirse que en dicho manuscrito principia la historia de las variedades mencionadas. El susodicho franciscano autor de este importante manuscrito se llamaba Antonio Llaudis, quien cultivó, en la clase de Buchones, a una de un color determinado ahumado. Hoy, en dicha comarca, a pesar de los años transcurridos, se le llama, a esta variedad de buchona ahumada y de pico y uñas amarillas, la Buchona Franciscana. En cambio a las buchonas en general se las llama Laudinas, y esto demuestra que el fraile Antonio Llaudis fue quien cultivó estas aves, antes que el naturalista Cavanilles”. A continuación, Altamira nos dice: “Los estudios del padre Llaudis son ciertamente muy raros, contienen tan sólo unos cuantos datos imprecisos e insuficientes”.

El padre Checa nos dice que Llaudis fue superior del convento de Caudete (Albacete). Otros autores dicen que fue abad de un convento de Onteniente alrededor de 1740.

El naturalista valenciano Antonio Cavanilles (1745-1804), en su Historia Natural sobre la Flora y la Fauna del reino de Valencia, nos habla de la Ladrona o Paloma de la Casta y nos dice que tiene la cabeza más prolongada que las otras razas, pico corto, tubérculos de la mandíbula superior muy abultados y ojos sin membranas oculares. Esta paloma, dice Cavanilles, la emplean en Madrid para el divertimiento de cazar palomas de torres o perdidas, dejando a los machos sin hembras. Desde el mes de noviembre hasta el mes de mayo también se emplean a las hembras a las que se les priva de macho para que conquisten a otros. Curiosamente no dice nada en cuanto a si esta paloma era buchona.

Documento importante de la columbicultura española, que data de 1759, son las Ordenanzas de la Cancillería de Granada, tituladas Ordenanzas que se han de guardar en la diversión de palomos Laudinos, llamados vulgarmente Ladrones. Estas ordenanzas constan de 21 apartados donde se regula la práctica del juego del hembreo, deporte que actualmente practican los aficionados de la provincia de Cádiz. No se mencionan las características morfológicas de las palomas con que se practica este divertimiento. En 1978 se ha hecho una actualización de este reglamento adecuándolo a los tiempos actuales.

Existe otro reglamento de 1773 para la ciudad de Murcia para la suelta y hembreo de los palomos Laudinos entendidos por Colgueros. Tampoco se dice como eran estas palomas, ni qué figuras o posturas adoptaban durante sus vuelos.

Rojas, Clementes, ornitólogo (1777-1827) nació en Titagua (Valencia). Fue alumno de Cavanilles. Escribió el Nomenclátor Ornitológico Español y Latino. Hace mención a la paloma de casta y dice: “Los madrileños distinguen los palomos ladrones en:

Liso, Buchones y Gorgueros, según lo abultado y por mayor que en las otras castas. Además, el Gorguero tiene el arrullo más bajo, el pico algo más largo que el buchón, es más ladrón que ninguno y el único al cual en Valencia llaman ladrón.” Más abajo, y en el mismo folio, dice: “Gorguero Columba domesticavarietate del Gutturosa. Madrid.”

Abundando sobre esta raza, Rafael Buch-Brage dice que su abuelo (1845-1912) y su padre (1885-1912) los criaban en sus tiempos. “Los que yo recuerdo de mi padre eran de cola llana, enorme buche colgante, cabeza fuerte, pico más bien corto y ancho, con carúnculas nasales blancas muy desarrolladas en ambas mandíbulas. Tenían surco vertical en el buche y dos más

cortos a ambos lados del cuello. Los tenía en azul y en rosado. Eran unos caballeros en el aire y jamás picaban a la hembra, mantenía la cabeza en alto vigilando los movimientos de la paloma. La mención más antigua aparece en el manuscrito de Rojas Clementes.”

César Martínez, en el periódico La Voz de Galicia de fecha 21 de septiembre de 1933, nos dice: “De todos nuestros buchones los de más aptitud para el vuelo y los de mayor radio de acción son los Murcianos y Valencianos. Los primeros son más agudos, más largos y estrechos que los segundos, aparte de otras ligeras diferencias de cabeza y cuello.

Los aficionados que utilizan los buchones como palomas ladronas han creado un tipo que levanta la cola y la cabeza algo más del nivel o eje horizontal del ejemplar en vuelo. Dicen ellos que tiene la propiedad de no posarse jamás en lugar distinto a su palomar cuando persigue o trabaja a una paloma, con lo que no pueden caer, a su vez, en redes o trampas. Yo les he visto posarse en tejados próximos a su palomar en presencia del dueño que exaltaba esa propiedad. Les he visto posarse también en jaulones donde había palomas cautivas a bastante distancia del palomar de los buchones y no sólo pararse una vez, sino repetir las visitas varias veces al día en muchos consecutivos. También por afán de notoriedad llaman algunos a esos buchones Corballos y hasta Quebrados. El absurdo calificativo por sí mismo nos exime del comentario. Siguen en radio de acción de vuelo a las anteriores otras razas muy típicas: los Gorgueros, antigua raza de cabeza acarnerada, carúnculas nasales desarrolladas y buche descolgado tanto en vuelo como en la estación de reposo, y los Rafeños (no rifeños, como algunos por error los nombran), de cabeza convexa, pico corvo muy corto espalda ancha y en general de cuerpo compacto.”

Ramón Fontellés nos dice: “Las palomas que se volaban a finales del siglo pasado eran de nariz muy gruesa; que después se reemplazaron, allá por el año 1910, por los buchones de menos nariz que tenían más facilidad para el vuelo. Las palomas que a primero de este siglo volaban en Valencia, Alicante y Murcia eran: los Colgueros o Murcianos, los Tejeros, Borcelanos o Marcheneros (con estos tres nombres se le conocía) y los Valencianos o Buches. A los Colgueros se les estimaba por su figura, eran de cuello grande y larga cola vuelta hacia arriba en forma de teja invertida con mucho buche y muy poco voladores. Los Marcheneros, por el contrario, llevaban la cola cacha en forma de teja, el buche era redondo, el vuelo pausado y solían distinguir a la paloma perdida. Los Valencianos o Buches eran palomos más remados, voladores y conocedores de las palomas perdidas, a las cuales encerraban con mucha gracia. Eran muy cazadores. Decíamos que eran palomos del amo por ser muy seguros y no entregarse fácilmente en palomares ajenos.”

En 1958 César Diez Crespo, en la colección Temas Españoles, publica un trabajo que titula “La Paloma Deportiva”. Dice: “Conviene afirmar que las palomas buchonas no existen en España, quedaron totalmente extinguidas hace más de 20 años. La desaparición de éstas obedece o responde al resultado de un proceso de transformación llevado a cabo por organizaciones deportivas ininterrumpidamente, por espacio de más de 30 años, para crear con la paloma buchona la actual paloma deportiva que fue creada con ella y con palomas de otras variedades o razas.”

Afortunadamente, para bien de la columbicultura de nuestro país, nuestras palomas buchonas de razas no han desaparecido del todo y hoy las podemos contemplar en las exposiciones que celebramos. Hemos sabido mantener el legado que nos dejaron nuestros antepasados y tenemos la obligación de conservarlo para las generaciones venideras.

En 1977 se abrieron las puertas de la Federación Española para los aficionados partidarios de las palomas de razas. Desde esa fecha hasta hoy los logros alcanzados son: Se fundaron sociedades para estas palomas, se hicieron los estándares, se nos otorgaron anillas de la serie X, licencia de tenencia y vuelo, se publicaron normas, reglamentos y artículos sobre nuestras palomas. Se efectuaron exposiciones, nuestros estándares se reconocieron en Europa y las palomas Españolas tienen vía libre para poder participar por derecho propio en las exposiciones de otros paises. Se crean clubes y sociedades en Francia, Holanda y Alemania. En éstos están afiliados muchos compatriotas nuestros, los cuales al emigrar a estos países que se llevaron sus palomas. Antes les estaba vetado participar en ellas por carecer de estándares. En el espacio de tiempo transcurrido, hemos hecho muchas cosas, unas bien y otras menos bien (de sabios es rectificar). Nuestro trabajo en el futuro será encontrar las mejores fórmulas para la reglamentación definitiva de nuestras palomas.

Para terminar, conviene recordar aquí que la faceta principal de nuestras palomas debe ser la del vuelo. Aprovechemos las dotes de seducción y conquista que poseen para divertirnos con ellas, al igual que lo hicieron nuestros antepasados. Hoy la Federación contempla en sus reglamentos el juego del hembreo y de la suelta de machos en celo. Volemos nuestras palomas Hagámoslo de forma honrada y correcta, sin trampa, controlados por nuestras sociedades. Respetemos mutuamente calendarios de vuelo para que ambas aficiones podamos gozar del maravilloso espectáculo del vuelo. Tengamos en cuenta que si nos dedicamos a la cría y selección de las palomas sólo en función de lograr las características morfológicas o fenotípicas, dejando a un lado el vuelo, estamos corriendo el riesgo de convertir a nuestras palomas en raza de fantasía que sólo nos servirán para mostrarías en las exposiciones. Pongamos todo nuestro empeño para que esto nunca suceda.

RAFAEL YUSTE LÓPEZ

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