La paloma buchona
La paloma buchona, definida exactamente, es ave doméstica; pertenece por tal a dicho grupo y por consiguiente no es, ni puede ser, ave de rapiña; carece de aquellos medios que poseen tales aves propios para apresar e igualmente adecuados para apoderarse de palomas y de otros animales.
El concepto, o calificativo erróneo, aplicado a la paloma buchona, de “ladrona”, puede obedecer, entre otras cosas, a que dichas palomas, llevadas por su instinto de captación y de seducción, puestas en condiciones de manera adecuada, esto es, sometidas a constante celo, sirvieron tanto el macho buchón como la hembra, de instrumento al poseedor de, ellas, para atraer a otras palomas, en casos y épocas, y cometer actos y echos nada aceptables, de apoderarse ilÃcitamente de palomas de la misma raza o bien de otras distintas. Cabe decir más claramente que, puestas en libertad del palomar en que habitaban, y manejadas intencionadamente al efecto, se podÃan emplear: Al macho, en la búsqueda, bien en el espacio, o ya en parajes y lugares diversos, de cualquier clase de palomas, de la raza y condición que fuesen, y conseguido el objetivo de unirse a ellas, las invitaba insistentemente, con marcada intención y demostraciones en su vuelo, o con arrullos, según la posición, a que les siguiesen, brindándoles con sus manifestaciones o a su manera, compañÃa, hospitalidad o albergue en su palomar; con el riesgo constante también, por razones del sexo, de poder ser atraÃdos o seducidos éstos por otras, para él, de mayor atractivo, calidad temperamental o instinto, especialmente hembras.
En ambos casos, de la caza de palomas con el empleo del macho o de la hembra buchona, el acto cometido de encerrar cualquier clase de palomos, con estos métodos y procedimientos, daba lugar al parecer, sin meditación alguna, a la aplicación de “ladrona”, a esta paloma buchona, cuando en realidad dicho objetivo le corresponderÃa por entero a la persona que cometÃa este censurable hecho, siempre en el caso de que no devolviese las palomas aprehendidas, producto de tales rapacerÃas o acciones de retener y de aprovecharse, con fines lucrativos, de bienes ajenos.
La paloma buchona era, porque ya no existe, paloma ordinaria, esbelta, astuta, arrulladora y sagaz, fecunda por sus medios naturales, apuesta, arrogante, muy decidida, constante y tenaz, sugestiva o muy dada a sugestionar, y de un marcado instinto de seducción en general, de persecución y de conservación.
Acerca del origen de la paloma buchona, según afirmaciones hechas por expertos, veteranos y consecuentes aficionados, hoy decanos y técnicos de la afición, que practican el deporte desde el siglo pasado, viejos como yo, que también lo soy, pero anteriores a mÃ, se atribuye que fue traÃda a España por los árabes en la época de la Edad Media, a raÃz de su invasión en el año 711.
No cabe duda de que entonces, la paloma buchona, reunirÃa aquellas excelentes condiciones y caracterÃsticas, dada la pureza de su raza y de que sus poseedores las emplearÃan como medio de distracción, de recreo, de aprovechamiento y de negocio.
Si la historia se repite, y dada la existencia de la paloma buchona hasta final de la tercera decena del siglo XX, de esa Edad Contemporánea, es seguro que los sucesores de los árabes seguirÃan cultivándola con los mismos o parecidos medios y fines en el siglo XVI, en que dio comienzo la Edad Moderna; en el año 1517 hasta principios del siglo XIX, año 1808, en que empezó la Edad Contemporánea.
En los primeros años del presente siglo XX, todo era aún igual; los medios, los procedimientos, el uso y el cultivo de la paloma buchona, y su afición, no habÃan sufrido variante alguna y se desenvolvÃa exactamente con todos aquellos defectos; tan sólo habÃan sufrido alteración los elementos que eran poseedores de la misma; pues aquéllos, los primeros del siglo VIII, eran árabes; y los de esta Edad Contemporánea, del siglo XX, somos españoles.
Entre aquellos españoles de los comienzos de este siglo XX, me encontraba yo; apenas tenÃa entonces 10 años; habÃa nacido en el año 1896 del pasado siglo, pero si recordar es volver a vivir, aseguro que sentÃa ya cierta manifiesta inclinación por el cultivo de palomas.
Mis primeras aves, del mismo orden, aunque de distinta condición, para mÃ, palomas en aquellos dÃas, fueron un par de tórtolas, que las tuve poco tiempo y las sustituà después por dos pichones de aquella raza existente, que se cultivaba con verdadera profusión, denominada de palomas buchonas.
Recuerdo que eran los dos de color azul, y que las puse en un jaulón adecuado, en el tejado de mi domicilio, sito en las inmediaciones del antiguo Hospital Provincial de Valencia.
Junto al mismo edificio de mi casa, y lugar en que tenÃa mis primeros pichones existÃa, en funcionamiento entonces, el Cuartel del Refugio, en la calle del Hospital, caserón antiguo, hoy desaparecido, que en la parte alta del mismo tenÃa una torre en forma de pirámide con cuatro vertientes, en cuya base cuadrangular se posaban aquellos dos pichones azules, a los cuales contemplaba y admiraba yo, abstraÃdo, horas y horas, desde el tejado de mi casa, en aquella monótona y quieta situación, en que ellos reconocÃan el sitio y todas sus inmediaciones, para aquerenciarse y estar seguros en su vuelo, expertos en sus movimientos y desenvolverse después, con certeza y facilidad, al pasar de pichones a la condición de adultos.
A estos pichones siguieron otros, y más palomas, hasta que con mayor conocimiento y edad fui sintiendo en lo más profundo mi inclinación y afición por todas aquellas palomas que tuve, como digo, de raza buchona o laudina, las cuales constituÃan en mi el mayor atractivo, y lo que es más, mi mejor entretenimiento y distracción.
El aficionado éste, de los comienzos de siglo, de aquella época turbulenta y desdichada para esta afición, vivÃa entregado a maniobrar y actuar libre, sin dar cuenta a nadie, dentro y fuera de su palomar, en lo que se refiere al uso, cultivo y empleo de aquella paloma buchona.
La paloma buchona no era toda igual entonces; ofrecÃa caracterÃsticas diversas, y se diferenciaban de otras por provincias y regiones, aunque todas eran de la misma condición e instinto.
AsÃ, pues, la paloma valenciana se distinguÃa de la sevillana por el pico corto y tamaño menor de ésta.
Igualmente la murciana, se diferenciaba de ambas por sus distintos movimientos y aspectos.
En el vuelo se distinguÃa por el buche más o menos abultado o redondo, y también por la posición de la cola, ya si la tenÃa de forma plana o recta, o bien de medio arco, hacia abajo o arriba, detalle conocido y denominado en el argot o léxico buchonista por los nombres de “colom plá, cacho y brincat”.
Los aficionados efectuaban cruces por via de ensayo, empleando para ello sus palomas con las de otras provincias, conservando siempre la base, para no perder la fuente natural y dé continuidad de reproducción, de lo que era nativo, con miras a conseguir, con estas pruebas, el tipo de ejemplar que mejorase en condiciones lo que poseÃan y que tuviese más acentuado el instinto de captación para atraer y también el de conservación para guardarse, pues era un peligro inminente que el palomo tocase palomar ajeno, debÃa saber que podrÃa encontrar con ello fácilmente el motivo para su desaparición.
HabÃa buenos palomos en aquellos veinte primeros años de siglo, que alcanzaron merecidamente prestigio, renombre y fama; como fuentes de abastecimiento y de reproducción entonces, Cocentaina, Muro y Alcoy de la provincia de Alicante, y Albaida, Játiva y Onteniente, de la de Valencia.
La aceptable rama de distinguidos y renombrados palomos, que perdura con el conocido nombre de “Barrabás”, desciende de Cocentaina, y fueron obtenidos y criados en una de las masÃas existentes junto a la ermita de San Cristóbal; su nombre primitivo, anterior al actual, era el de “Los Leones”, por su casta, brÃo y potencia. De estos “Leones”, unidos a la rama de los “Liarcs”, salieron los palomos “SelÃeros”, de gran aceptación, y fueron conseguidos por el aficionado conocido por Pedro Juan, el Carnicero, de Cocentaina.
De una paloma hembra pico corto de Málaga y de un macho de Onteniente, se consiguió el palomo “Oraciones”, que fue el mejor de aquellos tiempos y lo tuvo un viejo aficionado que últimamente tenÃa un puesto de compra-venta de palomos en la Plaza Redonda de Valencia, conocido por el Abuelo “Taronchetes”.
De los cruces y reproducciones que después se efectuaron ya no volvió a salir otro palomo “Oraciones”; salieron otros distintos, de menos aceptación, que ofrecÃan en su vuelo distintos movimientos, mayor vistosidad, más elegancia, pero con acentuada merma de instinto de captación y de menos seguridad, solÃan parar más, pero el que paraba entonces le decÃa pronto “adiós” a su dueño. Con aquella paloma buchona de excelentes cualidades y condiciones, jamás se hubiese hecho deporte porque únicamente podÃase decir que era el Ãdolo que cubrÃa un deseo una satisfacción personal de su poseedor, ya que en su desenvolvimiento y trabajo no llamaba la atención un poco más allá de su dueño, que la observaba y seguÃa diariamente en todo cuanto hacÃa de provecho en su lento y sagaz vuelo y en sus paradas en torres, cúpulas, tejados, campanarios, etc. para atraer a cualquier clase de paloma extraviada.
En aquellos años, la afición que se practicaba en casi todas partes salvo honrosas excepciones, empleando la paloma buchona, dejaba mucho que desear, pues por regla general, el aficionado, en el palomar raramente reconocÃa amigos, se dedicaba abiertamente, sin escrúpulos, de una manera imprudente, a la aprehensión de las palomas de quien fuera empleando para ello toda clase de medios y procedimientos constitutivo de malas artes, tales como: lazos, cepos, redes de vuelo, redes de libre balancines, trampolines, agujeros, palomas atadas, etc.
Ante tan lamentable situación, un grupo de buenos aficionados de Valencia nombró una comisión representativa de los mismos, constituido por los señores D. Fulgencio González, D. Eduardo Uhden, D. José Alt y D. Gonzalo Donat, para recabar el apoyo de las autoridades, con mira que se dictasen las oportunas órdenes y medidas para sancionar los abusos y hechos bochornosos que se cometÃan con el absurdo empleo de las palomas buchonas.
Efectuada la visita al Gobierno Civil, y expuesta con todo detalle deplorable situación que representaba dicho caso de tan continuados desmanes y desafueros, por el Excmo. Sr. Gobernador Civil se dictó con fecha 13 de junio de 1908 la primera Circular gubernativa, que amparaba la normal actuación de los aficionados y dictaba reglas y sancion para todos aquellos que, lejos de observar una buena conducta, se dedicasen al uso y empleo de la paloma con fines de perjuicio, lucrativos de malas artes para tal fin.
Posteriormente, en el año 1914, con fecha 6 de abril, se dictó la segunda Circular gubernativa, recordando la primera publicada en el año 1908, encaminada a reprimir y sancionar todos los actos constitutivos infracción a las reglas dictadas en las mismas.
Ramon Fontelles
