Palomas Buchonas

Diciembre 31, 2005

Columbicultura enguerina

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La zoología, pues, es tan antigua como el hombre; el honor de haberla elevado a la categoría de verdadera ciencia se debe el filósofo griego Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. de J.C., el cual dividió las clases de palomas en tres grupos: las denominadas de «fantasía», «mensajeras» y «buchonas» o «ladinas».

Los tartesos o sefardíes criaban las palomas en la península ibérica o Sefarad (España), siendo muy amantes de estos animales, denominándose esta raza palomos ladinos.

Es demostrable que los palomos ladinos son oriundos de España. El idioma sefardí hablado en Sefarad (España) era el ladino, dialecto del castellano antiguo. Por ser los sefarditas iberos de raza judía, muy amantes y criadores de palomas, al tener estas palomas cualidades parecidas a las reconocidas al pueblo hebreo, se les puso a los palomos el nombre de ladinos, igual al idioma hablado por sus criadores. Según el diccionario palomo «ladino» significa palomo astuto, sagaz, pícaro, etc.

Los pueblos valencianos más conocídos hace 2.200 años, por su importancia, pueden citarse: Munviedró (Sagunto), Tyris (Turia) (Valencia) - La ciudad actual de Valencia fue fundada en 137 años a. de J.C., cor nombre de Valentia, por el cónsul romano Decio Junio Bruto-; Saetavi (Játiva); A. (Alcira), y Sorior (Enguera). Para aclaracion de los enguerinos les diré que «enguera», según el idioma sefardí, quiere decir oscuro, vacio, y «sorior», oscuridad o vacio. Porque Sorior y Enguera tienen el mismo significado. En el año 714, al ser conquistada por los musulmanes, se varió el nombre de Sorior por Enguera. Se componía el pueblo de 39 casas y una sinagoga, estaba esta al final de ló que es hoy la sacristía de la iglesia; cercana a la sinagoga había unos baños publicos y la casa del Patricio, el guía y mandatario del pueblo, que debió vivir en lo que hoy es la Abadía.

Al ser cambiado el nombre de Sorior por el de Enguera, igualmente se cambió el nombre de los palomós, pasando de ladino a laudinos, debido a la fonética arábiga.

El propósito que me he fijado es conseguir los mayores datos posibles de lo que ha sido nuestra afición: la columbicultura; para ello necesitaré que los aficionados que puedan me faciliten datos fidedignos y concretos. Conociendo nuestro pasado será más fácil seguir con el presente. Muchos palomos de Enguera, o descendientes de éllos, fueron vendidos o transferidos en Cullera; allí tienen los farmacéuticos más de 700 apartamentos, y era el lugar, por los años cincuenta, de reuniones encabezadas por el famosísímo columbicultor de Silla señor Costa Colubí; él y sus amigos consiguieron muchos de esos palomos. Podría catalogarse que los palomos enguerinos pasaron a engrosar los palomares de los aficionados farmacéuticos en dichas fechas, por lo que no es difícil comprobar que cuando en un pueblo han salido palomos parecidos a ellos, casi seguro los ha criado el farmacéutico.

En 1209 se funda la Orden de los Franciscanos, que visten con el habito de color marrón chocolate, muy parecido a los colores de los palomos ahumados «fumat«, de la raza laudina; por dicho motivo, desde dicha fecha pasaron a denominarse «palomos laudinos« o «franciscanos«.

En la Edad Media los españoles eran grandes criadores de nuestra paloma. Tuve la suerte de ver dos grandes palomares de fecha remota en un pueblo de Albacete, denominado Alcalá del Júcar, que tienen 5.000 y 10.000 nidales respectivamente.

En la Edad Media, el derecho a criar palomos estaba reservado a los señores feudales, propietarios de grandes terrenos. Los campesinos no tenian derecho a oponerse a los estropicios que hacian estos animales en las cosechas.

La paloma buchona era esbelta, astuta, arrulladora, apuesta y tenaz, capaz de sugestionar, con un marcado instinto de seducción, persecución y conservación. Dichas palomas ofrecian caracteristicas diversas, aunque todas ellas eran de la misma condición e instinto.

La paloma denominada valenciana se distinguia de las de otras regiones por el pico corto y tamaño menor. Por sus distintos movimientos y aspecto se dividian en palomas de cola plana, Cola cacha y cola brincada, según la inclinación de las plumas.

La abolición del privilegio de la nobleza del año 1789 multiplicó los palomeres, empezando entonces la cria masiva de dichas palomas, subiendo rápidamente su cotización. La Ley de Asociaciones, de 30 de junio de 1887, influyó para que se llevase a cabo la constitución de grupos o sociedades que agrupasen en su seno a los aficionados al cultivo, uso y vuelo de la paloma buchona.

En la década de 1880 existia en Játiva (valencia) el prestigioso aficionado Sr. Peña, canónigo de la Seo de dicha ciudad, quien para distinguir sus propios palomos en el aire les hacia una señal en la cola.

La columbicultura se desenvolvia con caracteristicas diferentes a la actualidad, pero no hay duda que si se marcaban los palomos, como equivalente a la pintura de hoy, era para dotarles de señales de distinción, para conocerles en competición. Si nos atenemos a los nombres de los famosos palomos, comprobaremos las costumbres de la época. De las marcas de la cola conocemos los famosos: «El Punta>, «El Puntica«, «El Bado», «El Bonetas», «El Agujero», «El Espigón», «El Enrejillado«, «El Media Cola»…, todos ellos pasaron a la fama con la marca en su cola. Como más tarde otros famosos han pasado y siguen en la actualidad por las pinturas de sus alas. La década de 1880 se caracterizó por las marcas de moda en aquel entonces.

Enrique Sarrion Aparicio

Diciembre 28, 2005

La paloma buchona

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La paloma buchona, definida exactamente, es ave doméstica; pertenece por tal a dicho grupo y por consiguiente no es, ni puede ser, ave de rapiña; carece de aquellos medios que poseen tales aves propios para apresar e igualmente adecuados para apoderarse de palomas y de otros animales.

El concepto, o calificativo erróneo, aplicado a la paloma buchona, de “ladrona”, puede obedecer, entre otras cosas, a que dichas palomas, llevadas por su instinto de captación y de seducción, puestas en condiciones de manera adecuada, esto es, sometidas a constante celo, sirvieron tanto el macho buchón como la hembra, de instrumento al poseedor de, ellas, para atraer a otras palomas, en casos y épocas, y cometer actos y echos nada aceptables, de apoderarse ilícitamente de palomas de la misma raza o bien de otras distintas. Cabe decir más claramente que, puestas en libertad del palomar en que habitaban, y manejadas intencionadamente al efecto, se podían emplear: Al macho, en la búsqueda, bien en el espacio, o ya en parajes y lugares diversos, de cualquier clase de palomas, de la raza y condición que fuesen, y conseguido el objetivo de unirse a ellas, las invitaba insistentemente, con marcada intención y demostraciones en su vuelo, o con arrullos, según la posición, a que les siguiesen, brindándoles con sus manifestaciones o a su manera, compañía, hospitalidad o albergue en su palomar; con el riesgo constante también, por razones del sexo, de poder ser atraídos o seducidos éstos por otras, para él, de mayor atractivo, calidad temperamental o instinto, especialmente hembras.

En ambos casos, de la caza de palomas con el empleo del macho o de la hembra buchona, el acto cometido de encerrar cualquier clase de palomos, con estos métodos y procedimientos, daba lugar al parecer, sin meditación alguna, a la aplicación de “ladrona”, a esta paloma buchona, cuando en realidad dicho objetivo le correspondería por entero a la persona que cometía este censurable hecho, siempre en el caso de que no devolviese las palomas aprehendidas, producto de tales rapacerías o acciones de retener y de aprovecharse, con fines lucrativos, de bienes ajenos.

La paloma buchona era, porque ya no existe, paloma ordinaria, esbelta, astuta, arrulladora y sagaz, fecunda por sus medios naturales, apuesta, arrogante, muy decidida, constante y tenaz, sugestiva o muy dada a sugestionar, y de un marcado instinto de seducción en general, de persecución y de conservación.

Acerca del origen de la paloma buchona, según afirmaciones hechas por expertos, veteranos y consecuentes aficionados, hoy decanos y técnicos de la afición, que practican el deporte desde el siglo pasado, viejos como yo, que también lo soy, pero anteriores a mí, se atribuye que fue traída a España por los árabes en la época de la Edad Media, a raíz de su invasión en el año 711.

No cabe duda de que entonces, la paloma buchona, reuniría aquellas excelentes condiciones y características, dada la pureza de su raza y de que sus poseedores las emplearían como medio de distracción, de recreo, de aprovechamiento y de negocio.

Si la historia se repite, y dada la existencia de la paloma buchona hasta final de la tercera decena del siglo XX, de esa Edad Contemporánea, es seguro que los sucesores de los árabes seguirían cultivándola con los mismos o parecidos medios y fines en el siglo XVI, en que dio comienzo la Edad Moderna; en el año 1517 hasta principios del siglo XIX, año 1808, en que empezó la Edad Contemporánea.

En los primeros años del presente siglo XX, todo era aún igual; los medios, los procedimientos, el uso y el cultivo de la paloma buchona, y su afición, no habían sufrido variante alguna y se desenvolvía exactamente con todos aquellos defectos; tan sólo habían sufrido alteración los elementos que eran poseedores de la misma; pues aquéllos, los primeros del siglo VIII, eran árabes; y los de esta Edad Contemporánea, del siglo XX, somos españoles.

Entre aquellos españoles de los comienzos de este siglo XX, me encontraba yo; apenas tenía entonces 10 años; había nacido en el año 1896 del pasado siglo, pero si recordar es volver a vivir, aseguro que sentía ya cierta manifiesta inclinación por el cultivo de palomas.

Mis primeras aves, del mismo orden, aunque de distinta condición, para mí, palomas en aquellos días, fueron un par de tórtolas, que las tuve poco tiempo y las sustituí después por dos pichones de aquella raza existente, que se cultivaba con verdadera profusión, denominada de palomas buchonas.

Recuerdo que eran los dos de color azul, y que las puse en un jaulón adecuado, en el tejado de mi domicilio, sito en las inmediaciones del antiguo Hospital Provincial de Valencia.

Junto al mismo edificio de mi casa, y lugar en que tenía mis primeros pichones existía, en funcionamiento entonces, el Cuartel del Refugio, en la calle del Hospital, caserón antiguo, hoy desaparecido, que en la parte alta del mismo tenía una torre en forma de pirámide con cuatro vertientes, en cuya base cuadrangular se posaban aquellos dos pichones azules, a los cuales contemplaba y admiraba yo, abstraído, horas y horas, desde el tejado de mi casa, en aquella monótona y quieta situación, en que ellos reconocían el sitio y todas sus inmediaciones, para aquerenciarse y estar seguros en su vuelo, expertos en sus movimientos y desenvolverse después, con certeza y facilidad, al pasar de pichones a la condición de adultos.

A estos pichones siguieron otros, y más palomas, hasta que con mayor conocimiento y edad fui sintiendo en lo más profundo mi inclinación y afición por todas aquellas palomas que tuve, como digo, de raza buchona o laudina, las cuales constituían en mi el mayor atractivo, y lo que es más, mi mejor entretenimiento y distracción.

El aficionado éste, de los comienzos de siglo, de aquella época turbulenta y desdichada para esta afición, vivía entregado a maniobrar y actuar libre, sin dar cuenta a nadie, dentro y fuera de su palomar, en lo que se refiere al uso, cultivo y empleo de aquella paloma buchona.

La paloma buchona no era toda igual entonces; ofrecía características diversas, y se diferenciaban de otras por provincias y regiones, aunque todas eran de la misma condición e instinto.

Así, pues, la paloma valenciana se distinguía de la sevillana por el pico corto y tamaño menor de ésta.

Igualmente la murciana, se diferenciaba de ambas por sus distintos movimientos y aspectos.

En el vuelo se distinguía por el buche más o menos abultado o redondo, y también por la posición de la cola, ya si la tenía de forma plana o recta, o bien de medio arco, hacia abajo o arriba, detalle conocido y denominado en el argot o léxico buchonista por los nombres de “colom plá, cacho y brincat”.

Los aficionados efectuaban cruces por via de ensayo, empleando para ello sus palomas con las de otras provincias, conservando siempre la base, para no perder la fuente natural y dé continuidad de reproducción, de lo que era nativo, con miras a conseguir, con estas pruebas, el tipo de ejemplar que mejorase en condiciones lo que poseían y que tuviese más acentuado el instinto de captación para atraer y también el de conservación para guardarse, pues era un peligro inminente que el palomo tocase palomar ajeno, debía saber que podría encontrar con ello fácilmente el motivo para su desaparición.

Había buenos palomos en aquellos veinte primeros años de siglo, que alcanzaron merecidamente prestigio, renombre y fama; como fuentes de abastecimiento y de reproducción entonces, Cocentaina, Muro y Alcoy de la provincia de Alicante, y Albaida, Játiva y Onteniente, de la de Valencia.

La aceptable rama de distinguidos y renombrados palomos, que perdura con el conocido nombre de “Barrabás”, desciende de Cocentaina, y fueron obtenidos y criados en una de las masías existentes junto a la ermita de San Cristóbal; su nombre primitivo, anterior al actual, era el de “Los Leones”, por su casta, brío y potencia. De estos “Leones”, unidos a la rama de los “Liarcs”, salieron los palomos “Selíeros”, de gran aceptación, y fueron conseguidos por el aficionado conocido por Pedro Juan, el Carnicero, de Cocentaina.

De una paloma hembra pico corto de Málaga y de un macho de Onteniente, se consiguió el palomo “Oraciones”, que fue el mejor de aquellos tiempos y lo tuvo un viejo aficionado que últimamente tenía un puesto de compra-venta de palomos en la Plaza Redonda de Valencia, conocido por el Abuelo “Taronchetes”.

De los cruces y reproducciones que después se efectuaron ya no volvió a salir otro palomo “Oraciones”; salieron otros distintos, de menos aceptación, que ofrecían en su vuelo distintos movimientos, mayor vistosidad, más elegancia, pero con acentuada merma de instinto de captación y de menos seguridad, solían parar más, pero el que paraba entonces le decía pronto “adiós” a su dueño. Con aquella paloma buchona de excelentes cualidades y condiciones, jamás se hubiese hecho deporte porque únicamente podíase decir que era el ídolo que cubría un deseo una satisfacción personal de su poseedor, ya que en su desenvolvimiento y trabajo no llamaba la atención un poco más allá de su dueño, que la observaba y seguía diariamente en todo cuanto hacía de provecho en su lento y sagaz vuelo y en sus paradas en torres, cúpulas, tejados, campanarios, etc. para atraer a cualquier clase de paloma extraviada.

En aquellos años, la afición que se practicaba en casi todas partes salvo honrosas excepciones, empleando la paloma buchona, dejaba mucho que desear, pues por regla general, el aficionado, en el palomar raramente reconocía amigos, se dedicaba abiertamente, sin escrúpulos, de una manera imprudente, a la aprehensión de las palomas de quien fuera empleando para ello toda clase de medios y procedimientos constitutivo de malas artes, tales como: lazos, cepos, redes de vuelo, redes de libre balancines, trampolines, agujeros, palomas atadas, etc.

Ante tan lamentable situación, un grupo de buenos aficionados de Valencia nombró una comisión representativa de los mismos, constituido por los señores D. Fulgencio González, D. Eduardo Uhden, D. José Alt y D. Gonzalo Donat, para recabar el apoyo de las autoridades, con mira que se dictasen las oportunas órdenes y medidas para sancionar los abusos y hechos bochornosos que se cometían con el absurdo empleo de las palomas buchonas.

Efectuada la visita al Gobierno Civil, y expuesta con todo detalle deplorable situación que representaba dicho caso de tan continuados desmanes y desafueros, por el Excmo. Sr. Gobernador Civil se dictó con fecha 13 de junio de 1908 la primera Circular gubernativa, que amparaba la normal actuación de los aficionados y dictaba reglas y sancion para todos aquellos que, lejos de observar una buena conducta, se dedicasen al uso y empleo de la paloma con fines de perjuicio, lucrativos de malas artes para tal fin.

Posteriormente, en el año 1914, con fecha 6 de abril, se dictó la segunda Circular gubernativa, recordando la primera publicada en el año 1908, encaminada a reprimir y sancionar todos los actos constitutivos infracción a las reglas dictadas en las mismas.

Ramon Fontelles

Ordenanzas palomos laudinos o ladrones

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ORDENANZAS

QUE SE HAN DE GUARDAR EN LA DIVERSION DE PALOMOS LAUDINOS

LLAMADOS VULGARMENTE

LADRONES

EN ESTA CIUDAD DE CADIZ:

Presentadas por sus aficionados al Rey Ntro.Sr.y aprobadas por su Real Chancillerfa de Granada en 25 de Mayo de 1.759.

Con licencia

CADIZ.- IMPRENTA DE HERCULES, de D.Antonio Truxillo. Año de 1.829.

ORDENANZAS

Palomiticas

CAPITULO .l

No ha de haber discordias, temas, porfias, ni apuestas esorbitantes, por ser estas turbadoras de la buena armonía, fiel correspondencia y conservación de la afición y sus individuos; a la cual no se admitirá hijo ninguno de familia que para ello no tenga espreso consentimiento de sus padres o superiores; los cuales han de responder por sus hijos o súbditos, sujetándose a estas ordenanzas, en cuyo supuesto todos los que tuviesen palomares de caja o ráplia, o quisiesen armarlas nuevamente, han de ser únicamente los que puedan tener palomos volando, ponérlos en suelta, y hacer hembreos por su (tiempo) turno, en su competente y debido tiempo; para lo cual han de hacer en el verano y con tiempo, la prevención correspondiente y necesaria de los palomos y palomas que hubieren de correr todas las sueltas de la temporada; y hecha se juntarán todos los aficionados, o los más que se puedan, en primero de Octubre, en el más oportuno día, y sortearan para sacar por suerte cada uno su hembreo, e impuestos en el mes que les pertenecerá y que ha de ser en treinta días seguidos desde 12 de Noviembre, habiéndose antes consultado y elejido el como, y por todos los agregados admitidos los Alcaldes de los mismos aficionados, los más inteligentes y celosos de ella, para que estos con otros de su satisfacción gobiernen en aquel año y en los que sé seguirán, estando contentos con ellos y no de otra forma; previniendo a los que estuvieran esta diversión que cada uno de los tres nombrados a, todos juntos, celen a los aficionados y a cuantos tengan palomas de cualquier clase, visitando y registrando los palomares siempre que les pareciese conveniente, y con mayor frecuencia a los de aquellos qué pusiesen sueltas o hembreos, a qúiénes todos administrarán la debida justicia, para que unos y otros óbren con toda pureza y formalidad multando a los transgresores de estas órdenanzas a proporción del crimen y con arreglo en todo a la Real provisión y a las demás leyes del reino.

CAPITULO 2

Cualquiera de los que tuvieren que hembrear ha de tener a lo menos para hacerlo desde el principio del hembreo doce ‘palomas celosas,’ sanas, con todos sus vuelos capaces de volar bien, con sus respectivos empleos de ser de las llamadas largas de encima, larga de puesta, de lances cortos, y relances de puesto de junto, y de puesto de encima o pesada. (más…)

Jaime Cantos palomero

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D. Ramon Fontelles:

Y, a mayor abundamiento, D. Jaime Cantó Navarro, de Novelda, el aficionado veterano, el más decano de los decanos de la provincia de Alicante, el buen amigo, a quien en el año 1925 conocí en Valencia, representando ya, como amante del deporte y de la buena afición, al sector organizado de la provincia de Alicante, en el acto de la constitución de la primitiva Federación Regional de Levante, que tuvo lugar en el mes de noviembre de dicho año 1925; transcurridos, ahora, más de 40 años, vividos todos ellos disciplinadamente, dentro de la afición organizada y siendo cultivador de las palomas buchonas, base y motivo de este deporte, desde su niñez, de finales del pasado siglo, me facilita amplia y valiosa información acerca de los ejemplares más destacados de aquel entonces, conocidos en dicha provincia y de las distintas ramas de procedencia y lugares de origen, que por su importancia deportiva y trascendencia histórica, tengo la satisfacción de relatar tras de agradecer a tan excelente amigo y destacado columbicultor, abogado y procurador de los Tribunales, la muy estimada información, puntos de vista, apreciación y acertado parecer, que dice así:

Soy aficionado a los palomos, desde la edad de siete años. Cuando me examiné para el bachillerato, mi padre (q. e. p. d.) me dijo: “Ya has ingresado en el bachillerato, ¿qué quieres que te compre?”, y yo le respondí: “Un par de palomos”. Y me compró dos pares.

Empecé por tenerlos cerrados, porque en la época a que me refiero, el año 1900, no había sociedades de aficionados y en casi todas partes donde había afición a los palomos y se volaban, cada aficionado hacía su santa voluntad.

Recuerdo haber oído a un pariente nuestro, sacerdote en Novelda, llamado don Nicolás Astor, conocido en el pueblo por Mosén Colau, excelente persona y gran aficionado a los palomos, la siguiente frase: “Entre los palomistas hay un contrato tácito, el que se va por el que viene”. Quería significar con ello, que no había respeto alguno a la propiedad de los palomos, lo que daba lugar a algunos altercados y riñas, aunque sin gran trascendencia.

En dicha época se volaban en Alicante y Murcia y pueblos de estas provincias, tres variedades de palomos: los Colgueros o Murcianos; los Tejeros, Borcelanos o Marcheneros, que con los tres nombres se les conocía; y los Valencianos o Buches.

Los primeros eran palomos que se tenían y estimaban por su figura.

Eran de cuello grande y largo, cola vuelta hacia arriba en forma de teja española invertida, con mucho buche y muy poco voladores. Los Tejeros, por el contrario, llevaban la cola cacha, en forma de teja, el buche era redondo y el vuelo pausado (molí) y también poco voladores, aunque conocían el palomo perdido, lo trabajaban y cerraban muchos. Los últimos, los Valencianos o Buches, eran palomos de buena figura, algunos notables, muy bien remados, voladores y conocedores de las palomas perdidas, que las encerraban con mucha gracia. Cruzados y con los Colgueros, sacaron muy buenos ejemplares, en aquella época a que me vengo refiriendo.

Entonces, volaron palomos Valencianos o Buches extraordinarios, en todos los pueblos, que se defendían muy bien del engaño de los malos aficionados y se llevaban tras sí a las palomas sueltas, adiestradas, sin caer más que rara vez en las trampas que se les preparaban.

De esta época, aquí en Novelda, fueron los palomos “Tres Picos”, el “Curro de Jorge”, padre del anterior; el “Azul de Roque”; el “Loco de Patarra”, llamado así porque a la caza de un pichón, llegó a apeonar en una fuente pública, cosa entonces desusada; el “Negro de la Viuda”; el “Curro del Rumbo”, magaño curro, que tenía una extraordinaria figura, era muy bien remado y se cerraba muchos perdidos; el “Cojo de Serrano”, azul, que volaba en la cuadra de una posada y allí se cerraba las hembras sueltas y los palomos extraviados. Y de época un poco más avanzada, el “Trepado de Recaredo”, plomes de magaño, de excelente figura y remo.

Eran palomos muy suaves que acompañaban a la suelta o perdido, le apeonaban y encariñaban, conduciéndolo a casa y cerrándolo. No apretaban en el aire ni en los apeos y no se recreaban mucho en éstos, pero volvían por el palomo extraviado, cuantas veces fuera necesario.

El palomo que hace época entonces, es el célebre “Moracho del Noy”, gabino de negro. Extraordinario macho. Tenía costumbre su dueño de soltarlo después de comer, o mediada la tarde. Si había algún palomo perdido, él lo había de encontrar donde estuviera; le apeonaba, lo hacia volar y lo conducía a su casa, con tal maestría y entrándole por todos los lados, si se le resistía, que era muy difícil que no lo cerrara su dueño, don Luis Payá (q. e. p. d.).

Este palomo, buche o valenciano, también voló luego en Almansa y en Madrid y es fama que, en esta capital, cerro en una temporada cerca de cuatrocientos zuritos (cerriles) de los que entonces se criaban en el Palacio Real y en Correos.

Los palomos de entonces, vuelvo a repetir que se defendían muy bien de los malos aficionados y eran muy duros para entregarse en otro palomar. Recuerdo el caso de haberse escapado por el agujero de una pared un macho azul, entrando por dicho hueco, a los nueve días, muerto casi de hambre y sed, no consintiendo entrar en ningún palomar.

Un macho azul plometes acudía a diario y muy repetidas veces, al palomar de un aficionado que tenía varias hembras sueltas apareadas entre sí, con el fin de coger machos y que las hembras no se fueran. Les apeonaba y hacía salidas para llevárselas y sólo llegaba en sus apeos hasta encima de las cachaperas, sin que jamás se metiera en ellas y fue cogido en este palomar, porque al pasar por el borde de la trampa de un lado a atro, tropezó con una hembra y cayó dentro, momento que fue aprovechado por el dueño del palomar para correrle la red y cogerlo. No consintió comer después y murió de tristeza. ¡ que palomos de instinto tan fino y seguridad para su dueño!

Al no existir Sociedades de Palomistas, tenían éstos que seleccionar entre los palomos valencianos o buches, que fueran buenos, pero duros para entrar en otros palomares y entre éstos hacían las emparejadas, para seleccionar sus ejemplares.

Los Colgueros y los Tejeros, fueron desapareciendo. De éstos aún quedan bastantes en Andalucía y Murcia. De los Colgueros, creo quedan muy raros ejemplares. (más…)

Diciembre 26, 2005

Paco reina palomero

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Suelo escribir poco mis inquietudes Columbicultoras en esta revista. Los motivos, creo, son los siguientes: en primer lugar, pienso no fui llamado para el arte de las letras, con el consiguiente temor a ser censurado negativamente. Tambien, como todo columbilcultor sabe, porque dentro de nuestra aficion no tenemos criterios concretos y cada uno marchamos con nuestras razones a cuesta como el caracol, por diferentes (más…)

Palomero de Linares

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Memorias de un palomero de Linares

INTRODUCCION

Voy a empezar explicando, a modo de prólogo, toda mi dilatada historia colombófila, desde que poseo uso de razón hasta el presente, así como todo cuanto he realizado en él, para mi, maravilloso arte de la Colombicultura, cuyos primeros (más…)

Palomas mensajeras y halcones

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Una paloma mensajera madrileña voló hasta la capital italiana junto a su amado palomo romano y despues murió a causa del ataque de un halcón en la víspera del día de San Valentín, fiesta de los enamorados. la romántica historia protagonizada por las dos aves figuró ayer en la portada del diario romano IL Messaggero, que ha reconstruido minucioamente el largo viaje de los enamorados.
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Columbicultura rafael yuste

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:32 am

El antiguo aficionado español ha criado palomas, tratando de conseguir que estos animales posean unas figuras anatómicas determinadas, caracteres morfológicos distintos en cada variedad, coloraciones de plumas vistosas, lograr que los animales adopten determinadas figuras o posturas durante sus vuelos y que posean los caracteres de: garbo, trapío y arrogancia. También ha cuidado el columbicultor español que sus palomas conserven los instintos de seducción, persecución y conservación que poseen las palomas españolas desde sus orígenes y que las hace distintas a las del resto del mundo.

Si nos remontamos al siglo VIII, empezaremos a entender la peculiar forma de interpretar la columbicultura en España.

Los árabes durante la invasión de España, introdujeron algunas razas de palomas que se cruzaron con las autóctonas de aquella época, dando origen por el cruzamiento a otras nuevas variedades que con el tiempo se han convertido en nuevas razas de las cuales algunas (más…)

Diciembre 24, 2005

Mi historia con palomas

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Saqué de una pareja de pizarros, una hembra arábiga, se crió sola, el otro pichón murió al nacer, a los tres meses empezó a poner buche, esta pichona sobresalía de las demás, en vuelo, belleza y casta que demostraría después. Sin haber hecho su primera puesta a finales de Agosto la encerré como las demás hembras que iba a probar, y de esta manera meterla en celo.

Pasado los cuatro meses, la solté al bandeo como las demás palomas, destacando en todo momento, con sus salidas en busca de los machos en celo, tanta confianza me dio que decidí hembrearla la primera, dispuesto a perderla, lo que no se debe hacer, sin haberla aquerenciado antes, dejandola criar o calentar una postura.

“Puntualizo que el bandeo es de tres días, para ver como están de fuerte de alas, y así salir con la hembra más larga de vuelo y que se aleje más del palomar. Y de esta forma la vean los machos de otros palomares que están en suelta, y se enteren que hay una hembra en celo, de esta forma los machos van a buscarla todos los días”.

La pichona antes citada, los primeros días empezó a darse con los machos, pero al tercer día de hembreo, observé que solo le salía a un macho rucio que a ella le habia hecho tilín, y saltaba como un resorte cada vez que lo veía, sin hacer caso de los demás.

Al principio creí que la perdía detrás de ese macho trabajándolo sin descanso, volando por encima de su palomar sin echarse, para que este saliera en su busca, estuvieron así dos días, dándose en el aire, pero sin echarse ninguno en el palomar ajeno.

Al quinto día, en una de sus tantas salidas, observé que el macho intentaba por todos los medios llevársela, pero ella cada día se iba quedando más corta en vuelo, y lo trabajaba por corto, al siguiente día, el macho se echó en mi tejado, todo asustado, corriéndola y volviéndose a componer, y galanteándola sin molestarla demasiado, empezaron a pedirse piso, incitando el macho con su arrullo y picándose el ala, haciendo el simulacro de darle de comer, la cubrió en el pretilado de mi casa.

Este macho salió disparado a su palomar para atraerla, ella le siguió y recortando su vuelo pasando el palomar ajeno, y llegando a posarse los dos en el mío.

Entonces hubo una continuidad de salidas y rebotes del macho hacia su palomar y ella al suyo.

Observé que cada vez que la pisaba, la hembra se posaba directamente en su cajón, el macho al principio extrañado por la reacción de la paloma se embebía, buscándola con un estado nervioso digno de ver y mencionar, por fin a la mañana siguiente sobre las 11 de la mañana, el macho la cubrió, y le dio entrada ella a su cajón, compuesta ella como una reina, gallarda, y lleno su buche de celo, de la sensación de haber sido cubierta, entrando por la piquera de su cajón, arrastrando la cola de casta y brio, y embistiendo al entrar.

Aquello me emocionó de tal manera, que a veces no hay palabras para describir y explicarlo, otras veces anteriores hacía lo mismo al entrar, pero cuando veía que el macho se iba a su palomar, se asomaba a la piquera y le salia como una exalación, para atraerlo a su cajón, hasta que por fin fue cogido y entregado a su dueño.

Era muy bonito ver a esta pareja con tantas salidas idas y venidas de fuerza, brio y casta de los dos conjéneres, no hay cosa mas bonita de ver, en un cielo azul, y ver la suelta volar en celo, con sus buches inflados, en armonía y configuración, y a esa paloma en celo entre ellos, disputándosela como aguerridos gerreros medievales.

Manuel Boza

Vivencias con zuritas

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El motivo de escribir este artículo se debe a dos razones fundamentales:

- La primera, el artículo del Sr. D. Luis Montiel Bueno, de Jaén, sobre la zurita y lo que puede suponer su aportación a muchas características de nuestras razas, bastante deterioradas por la gran consanguinidad existente entre ellas.

- Y la segunda, la anécdota que me contó un columbicultor y mejor amigo, José Ortiz Dorado, más conocido, en el ámbito palomero con el apelativo “Pepe el de los rojos”, pues en sus años de chaval, casi todos sus palomos eran de color rojo y algún que otro negro.

Actualmente, sus palomos son de color azul y alguno negro. Quisiera aclarar que la raza que cultiva el amigo Pepe es la del L. Sevillano.

La anécdota que me contó este señor es que a una distancia de unos 200 ó 300 metros de su palomar, en una casa deshabitada moraba una pareja de zuritos, los cuales iban a comer a su palomar. Atrapado el macho, la hembra siguió yendo a comer unos cuantos días más, hasta que el celo y la perseverancia de un macho de unos 3 ó 4 años consiguió acorellarla y entraría en su cajón, a los 7 u 8 días la hembra puso un celo de huevos.

El amigo Pepe tiene un hijo de unos 4 años de edad, Diego, que está siguiendo los pasos de su progenitor en cuanto a su futura afición. Así, anda siempre en el palomar y este lance por supuesto no lo pasó por alto y observaba las evoluciones de la zurita, llegando a tocar los huevos. A los pocos días, la zurita empujó los huevos del rincón del cajón a la salida del mismo, y así estar presta a la huida en el momento que subían al palomar.

Pasados 8 ó 10 días el amigo Pepe cogió la zurita y la llevó a la huerta de un amigo, distante unos 5 ó 6 kilómetros de su casa. Su promesa fue que al cabo de unos días la zurita apareció en el palomar, pero no se fue con el macho anterior pese a los intentos de él por llevárselo a su cajón (la zurita), sino que se acollera con otro macho de la edad más o menos que el anterior, pero ahora, su afán es llevar al macho a la casa deshabitada, por lo que pone todas sus dotes seductoras en el asador con carrillos por el pretil y salidas. Sin embargo, toda su constancia y esfuerzo fueron en vano, él la seguía y a su vez la trabajaba en el aire pero donde ella quería que entrase el decía nones.

A los pocos días viendo que no podía llevárselo optó por cambiar de macho, un pichón del año, de color azul. Así la zurita, comenzó su trabajo de seducción pero no consiguió mucho más que con los anteriores.

Vuelta a cambiar de macho y esta vez también de color; eligió un pichón del año, negro, con éste las cosas cambiarían y después de unos escarceos amorosos consiguió llevárselo a la casa deshabitada. El amigo Pepe veía cómo el pichón iba y venia, quedándose algunas noches con la zurita decidió encerrar el pichón. Esta al verse sin su galante caballero negro no apareció en unos días, pero el hambre le obligó aparecer en escena y de paso, intentar conquistar a otro pichón negro hermano del anterior. Pero, a la dama en cuestión se le ocurrió meterse en el cuarto destinado a las hembras en celo, por una pequeña ventana, de la que no supo salir después. Así es como terminó su hazaña de cazadora.

Por todo ello, le dije al amigo Pepe que una pájara así merecía un homenaje, el cual, he intentado plasmar con este articulo, a la gran clase demostrada por ella y a la conservación del L. Sevillano con algunas excepciones como en este caso.

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