Palomas Buchonas

Febrero 19, 2006

Palomo marteño

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 3:58 am

Conocer Martos no se circunscribe únicamente a su historia, edificios, costumbres… con ser esto ya bastante. Mi pueblo es mucho más, mi pueblo es actualmente uno de los centros más importantes en la provincia de Jaén de plantación y producción de aceite de oliva. Martos o “La Ciudad de la Peña” como mucha gente la llama, da una producción media anual de 50.000.000 kilos de aceituna, lo que claramente pone de manifiesto la importancia del olivar marteño en la agricultura jiennense, en la andaluza y, porqué no decirlo, en la mundial. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que: ¡Martos es un océano de olivos!.. pero, ¡Martos es también un Océano de Palomos!

El palomo marteño es una joya más que tiene esta ciudad y que muchos aficionados a la columbicultura desconocen. Ahora que ha empezado un nuevo milenio, con nuevas tecnologías de la comunicación (Internet, telefonía móvil, etc.), ahora que estamos en pleno auge de las ciencias de la información, es el momento de conocer, además de las excelencias del aceite de oliva virgen (el mejor aceite y el más beneficioso para la salud en el mundo), las excelencias de un palomo que ha sido y es santo y seña de la columbicultura marteña. Un palomo cuyo origen parece ser que se nos pierde entre la niebla del tiempo, pero que es creado, criado y recreado por los aficionados a la columbicultura en esta ciudad.

Durante muchísimas décadas su vuelo ha formado parte del bello paisaje que conforma Martos y su Peña. El cielo de la “Ciudad de la Peña” no se podría concebir sin la bella armonía del buchón marteño batiendo sus alas sobre ella y sin su arrullo meloso intentando conquistar a una bonita hembra. Se podría decir que el palomo marteño forma parte de la cultura de LA COLONIA ROMANA DE “TUCCI”, como antiguamente se llamaba esta población.

Desde el Portillo a la Plaza, desde el Baluarte a la Fuente Nueva… desde todos los barrios de la ciudad, el buchón marteño ha dibujado filigranas en el aire, que los han enseñoreado y adornado con la majestuosidad del remo de sus alas surcando nuestro mar de cal y de olivos y con la cola vuelta hacia arriba, en señal de victoria, que es la principal característica de esta raza. La ciudad bimilenaria de Martos ha estado y seguirá estando plagada de uno de los más bellos ejemplares que conforman el universo de la columbicultura jiennense y, por supuesto, de la española: ¡el buchón marteño!

Me llamo Juan Torres Orta, y a partir de ahora, un amigo más, que se pone a tu disposición por si deseas conocer, experimentar y disfrutar de esta joya única de la columbicultura marteña que tenemos en la provincia de Jaén, juntamente con el buchón jiennense. La historia que vas a leer a continuación te puede parecer a simple vista muy localista, pero si la lees con detenimiento, puede reflejar la de cualquier raza, en cualquier sitio y… de cualquier columbicultor.

Mi afición a los palomos se remonta a principios de los años cincuenta, cuando se viene a vivir al lado de mi casa, Juan Rizquez Molina. Aquí empiezo, con apenas nueve o diez años, a aficionarme a este bello y entretenido deporte, y que, gracias a Juan Rizquez y a otros muchos amigos palomeros, con el tiempo, me fui enterando de las peculiaridades de esta afición y de las dificultades que entraña la cría y suelta de palomas de raza buchonas españolas. En esta ciudad, no sólo hay una raza de palomos muy especial, sino que también existen unos palomeros muy especiales: unos aficionados que se pasan horas y horas mirando al cielo, viendo su Peña y contemplando -en vuelo- las colas de sus buchones, vueltas hacia arriba en señal de victoria. Mi reconocimiento a esta raza especial de columbicultores que hicieron posible con su largo trabajo de selección, que hoy podamos disfrutar de una excelente raza como es la del buchón marteño.

Decía un marteño ilustre, mundialmente conocido, el profesor de matemáticas, D. Manuel Valdívia Ureña, que “…hay que estudiar como si uno no se fuera a morir nunca…” Pues bien, Martos tiene también columbicultores con más de 85 años que

Ejercen su Afición
como si
No se Fueran a Morir Nunca

Esta leyenda de palomeros o estos palomeros de leyenda han sido los creadores del buchón marteño: una raza, que aunque todavía no sea oficial su estandar, pertenece por derecho propio (historia y antigüedad) a la raza de buchonas españolas. Algunos de estos columbicultures han muerto, pero otros los hemos “cogido a tiempo”:

Han pasado a la historia de la columbicultura marteña nombres como Juanito Santana, Juan Rizquez Molina, Pepe “Jarruña”, Francisco “Cenizo”, Paquito Ariza, Pepe “El Pintor”, Ortega “El Torrejimenuo”, “Mandùca”, Antonio González González, Fausto Cobo, Antonio “El del Estanco”, los hermanos “Chorizo” (Manolo, Pepe y Antonio Martos), “Nequías”, “El Rubio Pancilla”, “Braguetas”, Manuel Chamorro “Mequeque”, Ramón “El del Patio”, Bernal “El Alpargatero”, Joaquín Loraque, Manolo “Rabanillo”, los hermanos Ocaña-Chamorro, Felipe Serrano… y muchos más que se me escapan del “tintero del tiempo”, pero que, junto a muchísimos aficionados anónimos, forjaron esta raza de palomos ¡a base de afición y selección!

JUAN RIZQUEZ MOLINA es uno de los aficionados que pertenece por derecho propio a esta larga lista. Mi antiguo vecino, “Juanito” Rizquez, como cariñosamente le llaman, nació en Martos en el 1927, fue concejal en los años sesenta, y se distinguió por su colaboración en la industrialización de Martos. Juan Rizquez es el “principal culpable” de traer a nuestra ciudad la multinacional Valeo Iluminación; colabora en revistas locales, y en Agosto de 1997, a petición masiva del pueblo, es nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad. Últimamente, escribe un libro en clave de humor titulado “Azúcar, Sal y Pimienta”. Es un hombre que rebosa optimismo y buen humor y, además, es

Uno de los Grandes Mitos del Palomo Marteño.

Marcó la época dorada del “colillano de Martos”. Y señaló -con sus cruces- las líneas maestras de la configuración actual del buchón marteño: cola en semicírculo, ligereza y empaque de vuelo. Los palomos -azules porcelana- de Juan Rizquez fueron el modelo a seguir de los aficionados de su época (décadas de los años 40 y 50) y de las nuevas generaciones de aficionados que le siguieron. Fue una delicia verlos volar en busca de zuritas a la iglesia de San Francisco. Eran “muy duros” y seductores; Capturarle un palomo a Juan era una hazaña que no estaba al alcance de cualquiera pues sus machos estaban muy “preparados”, cuidados y constantemente observados por su suegro Pepe Jiménez. Volaban alternativamente: unos por la mañana y otros por la tarde, y parece ser, que sólo Antonio González González y Antonio Martos “Chorizo” consiguieron, tras largos años de intentarlo, cogerle un macho en la trampa.

En Julio del 2001, me reúno con él, en su casa, y mantenemos la siguiente charla:

- Juan, desde cuándo eres palomero.

-”Yo soy aficionado a los palomos porque un cuñado mío, Pablo (que murió en la guerra), era muy aficionado a ellos. Empecé a tener palomos desde el año 1934; por este tiempo, me acuerdo de un palomo que tenía, un negro ali-blanco, más bien plumillo, que era muy bonito… Entonces, aquella raza de palomos “colillanos” que había en Martos tenían la cola llana o la volvían ligeramente hacia arriba.”

En nuestro pueblo se empezó a llamar a nuestros palomos “colillanos” porque casi todos tenían la cola llana (esto mismo ocurría con el colillano sevillano), posteriormente, fueron apareciendo los vueltos de cola, como una teja pero hacia arriba, y más adelante, los que casi forman una circunferencia con ella. Y aunque algunos de mis paisanos siguen llamándosles “colillanos”, hoy es mejor denominarles buchones marteños.

-¿Cómo eran los palomos de antes?

-”El palomo de aquel tiempo tenía el pico corto, el buche no muy aperado, redondo, buenas porretas…, ese era el palomo que nos gustaba; cuando salía volando no se paraba en ningún lado, y si lo hacía en algún tejado, no paraba mucho en él. Mis palomos pasaban, llegaban y se iban…, y si la piquera estaba en un tejado,

se paraban

cuatro tejados

más abajo.

“… Nunca se aproximaban a las piqueras de otros palomos. Eran los auténticamente “ladrones”, muy duros de entrar en otro palomar y con mucho carácter e inteligencia.”

“… Los de aquel tiempo tenían la cola vuelta y la rabadilla ancha; cuando volaban, daban la misma distancia del cuello a la cola que entre sus alas, es decir, volaban “redondo”… descollados -alargando el cuello-, de gran trabajo… y ¡muy bonitos!”

“… Vino la guerra, la pasamos… y yo siempre con mis palomos. En los años cuarenta, los volaba en mi fábrica de cemento, allá por el “Camino Ancho. Un día, subí con un amigo al “Portillo” ( la parte alta del pueblo donde estaba LA CUNA DE LOS PALOMOS DE MARTOS), allí, vi volar los palomos de “Santana”, “Cenizo”, “Mequeque”… todos muy buenos palomeros y con fama. Juanito Santana me enseñó sus palomos; yo estaba acostumbrado a ver los que volaban por la parte baja del pueblo, pero como aquellos, ¡ninguno! de pronto, me dice Juanito:

-¡Mira, ven, que vamos a ver un palomo que tiene un hombre aquí!

“… Aquel palomo lo conocían como “El Azul de Pepa”, porque la mujer de Pepe “Jarruña”, el dueño del palomo, se llamaba Pepa . Era precioso: vuelto de cola, trabajador, duro, con raza… ¡era el palomo auténtico!” “… Cuando sueltan el palomo, y lo veo volar, quedé maravillado: ¡aquel cuello, aquel vuelo..! ¡Lo escuché arrullar en el aire!… Saltando de un caballete a otro, qué elegancia… ¡me enamoré de él! Total, que, cuando el hombre lo tenía en su mano, le digo:

-“Véndame usted el palomo.”

- “… Y, me dice: No, el palomo no lo vendo.”

- “Hombre, véndamelo usted”

-“No, no, no… y, además, si lo vendo me tienen que dar 20 duros por él.”

“… -Fíjate tú, 20 duros en el año1944 ¡eran dineros!- Llevaba yo 20 duros… y se los pongo en la mano. Cuando este hombre ve el dinero, me dice: ¡Pero, hombre, Juanito, si yo te he pedido 20 duros para no vendértelo!”

-“¡Pues, ya es mío! Y me traje el palomo.”

“…Con aquel palomo, “El Azul de Pepa”, y una paloma baya que compré en La Plaza -un poco vuelta de cola- hice un cruce y saqué:

¡… Aquellos

Azules…

tan Bonitos…!

(Aquellos palomos de “Rizquez” que, a finales de la década de los cuarenta, iban a la iglesia de San Francisco (en la Fuente Nueva) y se llevaban los zuritos ¡a pares! Se dejaban “caer” por el cine San Miguel -llevando los zuritos detrás-, y ¡parecían que iban paseando! Volando, no se elevaban cuando traían la presa al palomar… y, diariamente, no paraban de capturar zuritos.

“… Luego, “crucé” con un palomo que no era de los nuestros, era un rifeño” (del Rif de Marruecos). Lo vi en Ècija, y como por donde voy -y todavía no lo puedo remediar- no paro de mirar al cielo para ver palomos, cuando lo vi, ¡volando con la cola llana, con un “pescuezo” muy largo..! y se paró en un tejado, me dije: ¡Ahí, voy yo! Llegué, llamé y compré. Desde entonces, mi rifeño se hizo famoso en Martos.”

- Juan, ¿llegaste a cruzarlo con los palomos marteños?

-“Si, lo crucé, y obtuve de él, un macho azul extraordinario. Con este hijo del rifeño, me ocurrió una anécdota muy graciosa: Yo trabajaba con el camión, y como estaba casado, no podía estar todo el día pendiente del palomo. Así, que, se “dio” con una paloma que tenía Alejandro Ureña en la Fuente Nueva; Alejandro empezó a cambiarle palomas - sabía que yo no estaba- y consiguió cogerlo. Le ponía una paloma con celo, le cambiaba a otra… ¡y me pilló el palomo! Cuando llegué a Martos, me dicen otros palomeros:

-Juan, ya te ha pillado Alejandro el palomo, ¡y lo ha puesto en el escaparate de su tienda de calzado para que lo vean todos los palomeros de Martos!

“… Me sentó muy mal. Afortunadamente, viene, a otro día, un muchacho de Mancha Real a comprarme unos palomos; tenía fama, y como en ese pueblo gustaban mucho los colillanos, pues venían a comprarlos. Aquel chaval, cuando los ve, se enamora de un macho nevado y me dice:

-“ Éste, se lo compro a usted”.

-¡Yo te lo vendo! pero con una condición: tienes que ir a una tienda de calzado que hay en la Fuente Nueva y conseguir que te vendan el palomo que hay expuesto en el escaparate,¡por lo que quieran!

… Alejandro Ureña le vende mi palomo azul, y el chaval de Mancha Real vuelve a mi casa con la compra y a por el nevado que le gustaba. Cuando yo cojo mi azul, le digo:

-¡Mira!, el nevado está por ahí… el palomo se va por la mañana y no vuelve hasta la tarde. Ven luego, y cuando se encierre en su piquera, te lo llevas.

“… Se va el muchacho, y voy yo, -¡pon!- a casa de mi amigo Felipe Serrano, un buen aficionado, y me da uno de sus nevados. Lo llevo a mi casa, lo meto en una piquera, y cuando viene por la tarde el manchego, ¡se lo vendo! Así que, -fíjate, Juan- lo que es la picardía de los palomeros: ¡Conseguí, de Alejandro Ureña, mi palomo, engañé al chaval, que no se llevó el que quería y se fue tan contento, y yo, feliz con el hijo de mi RIFEÑO.

“…Eran tantos los palomos que cogía que hice piqueras automáticas; además, Juan, tú la vistes, que subías a mi palomar de la calle Carrera. Mis palomos entraban y salían y no se cerraban las piqueras… y cuando traían una pieza, ¡paff! ¡pillado! Yo llegaba a mi casa por la noche y siempre me encontraba con caza.”

- Juan, háblame de nuestro buchón marteño.

-”… Hombre, aunque nosotros les decíamos colillanos, tenían la cola como una teja, pero al revés. Los palomos no llegaban por aquel entonces a poner la cola como la ponen ahora, que forman prácticamente una circunferencia. El palomo que volvía mucho la cola, era estrecho… si tenía 13 , 14 y hasta 15 plumas en ella, ¡mejor todavía!”

-¡Tus palomos tenían mucha elegancia volando!

-”Si, esa elegancia y armonía la conseguí con aquel “Azul de Pepa”, aquel palomo, que en el Portillo, le soltaron una paloma y

¡la arrullaba

en

el aire!

¡Jamás he escuchado a otro!”

-¿Qué colores tenían los palomos de entonces?

- “Los colores eran los mismos de ahora. A mi siempre me han gustado colores azules, nevados…. colores limpios… Había unos muy bonitos - que yo no tenía- que eran coli-azules: blancos con la cola azul.”

- Juan, pero… ¿eran palomos de los nuestros?

-”Si, si… de los nuestros: ¡colillanos! Esa pluma ya ha desaparecido. Estos coli-azules los tenían en Martos, Juan y Pepe Ocaña Chamorro, son los últimos coli-azules de raza marteña que yo he visto.”

-¿Nuestros palomos podrían tener más de un siglo?

-”Hombre, en la década de los veinte, vino un señor de Valencia -muy mayor- que dicen que trajo palomos valencianos… Sí, podrían tener más de un siglo.” … éste señor intentó introducir el deporte de los palomos de pica, pero, acostumbrados a los nuestros, no tuvo mucho éxito.

-¿Y los buches, no se descolgaban mucho?

-”Se estropeaban un poco; procuraba criar con los palomos que tenían cierta edad, que volaban menos.”

-¿Cuando criabas, has tenido en cuenta la consanguinidad?

-”Si, si … yo tenía las palomas de una “ raza” y los machos de otra.”

- ¿Te acuerdas de quién te ha cogido algún palomo?

-”Sí, Antonio González me “pilló” un macho azul plumín y “Los hermanos Chorizos” me cogieron una paloma, creyendo yo que era un macho.”

- Juan, ¿os juntabais para hablar de palomos?

-”Sí, pero los palomeros a pesar de esto, éramos independientes…, íbamos con mucha picardía.”

- Quieres añadir algo más.

-”El palomo debe tener defensa para volar y para salir. Martos es ideal para ello… ¡Es tan bonito tener palomos en los barrios de altos: El Baluarte, El Portillo, La Plaza… yo he sido muy feliz con mis palomos!”

Y siguió contándome, Juan Rizquez Molina, sus vivencias… ¡una hora más tarde!

seguíamos hablando de nuestra “pasión”. Muchas gracias, “Juanito” Rizquez.

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