Palomas Buchonas

Febrero 19, 2006

SOLAMENTE LE QUEDA UN MARTEÑO

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:00 am

Si vienes a Martos y preguntas por Francisco Rosa López, casi nadie te va a decir dónde vive; si preguntas por Francisco “Cenizo”, todo el pueblo te indicará dónde vive: en la calle San Pedro, en lo alto del pueblo… ¡cerca del cielo! Es un hombre bueno, amable y muy trabajador. Mi familia era muy amiga de “Los Cenizos”. (Este apodo lo llevan porque antiguamente tenían un horno de leña y les pasarían muchas anécdotas con la ceniza que por allí había).

Estoy con él, en una pequeña habitación con sabor a otros tiempos, junto a un hermoso patio y con unas bellísimas vistas a la Plaza de la Constitución, y empezamos a charlar, entre cantos de canario y de jilguero…

- Francisco, ¿qué edad tienes?

- Nací el 16 de Julio de 1931. Tengo 70 años.

- ¿Desde cuando tienes palomos?

- Mi padre, los tenía en el horno, después, me los pasó a mi. ¡Mira si hace años que hay palomos en mi casa!

“… Yo creo que mi padre los tenía desde niño; ahora, a mí, ya no me queda nada más que ese macho nevado, que ves. Se murió su compañero, un macho azul, y está muy triste.

- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos palomos?

-“Aquellos palomos me gustaban “treinta veces” más que los que hoy tenemos. Eran palomos que tenían la cola llana y abierta, que por eso les llamábamos colillanos; algunos, la volvían un poquito más de las puntas; tenían el pico fuerte y corto, porretas grandes y una delantera fenomenal!”

“…¡Palomos que buscaban mucho, los dejabas solos y te divertías con ellos! … Me gustaba que los pichones desde muy jóvenes no vieran palomillas. Algunos pichonatos han traído una paloma a su palomar,

¡Y NO SABÍAN PISARLA!

… Lo que sí sabían eran “trampear”, ¡que es lo que a mí me ha gustado más en la vida! “…Y el palomo ha sido eso: ¡que trampee! Que viniera un zurito o un perdido, y ya no lo veías nada más que asomarse a la trampa y llamar. Mis palomos los metían en la trampa, que daba gloria, y yo, ¡disfrutaba con eso! Los de hoy, ya no lo hacen.”

“… ¡Los he tenido en suelta años y años y me han durado mucho! De joven, tenía volando cuatro o cinco machos, y no les echaba paloma.

Los palomos

los hemos ido

“refinando”

“… Hoy el palomo sale con una cola muy vuelta, pero… da una salida y se vuelve, no está preparado ni es tan “duro” como los de antes. Es un palomo que no busca como aquellos, aunque es, quizás, más bonito…. El que sale bien acompañado de delantera, me gusta, pero son los menos. ¡Cómo la delantera que tenían los antiguos, con aquellos buches y mirando así por el caballete… Aquella planta, no la tienen los de ahora!!

“… A mi de toda la vida el palomo que me ha gustado es el colillano nuestro; el de ahora, tiene una exageración de cola, pero no vuela elegante.”

“… Tuve una vez un palomo de la raza de “Manduca”, que se lo “pillé” a Los Castillos, que eran panaderos…, ¡era un nevado precioso! De ese palomo, saqué un azul y una nevada. El macho - cuando ya comía- se lo di a mi tío Félix, un “Cenizo” que tenía palomos en su horno de la calle Roa. Se lo regalé y le dije: ¡“Chacho”, que es de una raza muy buena! Cuando lo hizo a volar, el pichón se remontó y lo cogió un vecino, Pepe “Jarruña” o “Pepe el de La Pepa”, que vivía en “Las Espeñuelas”…, como, Pepe, sabía que el palomo era de la raza de “Manduca”, le hizo criar y sacó buenos ejemplares, ¡todos azules y con vuelo! Este palomo azul, le llamábamos nosotros “El Azul de Pepa”. Luego, como José “El de La Pepa” trabajaba en la fábrica de Juanito Rizquez, se lo vendió a él… Ése palomo tuvo mucha descendencia en Martos”

(Esta historia es de hace más de 50 años, pero, como se puede comprobar, el paso del tiempo no le ha quitado viveza ni matices. Forma parte del legado cultural que unos palomeros con más de 80 años han dejado a las nuevas generaciones… Historias y leyendas que han conformado una raza única de palomos: LA RAZA MARTEÑA… pero sigamos con el relato de Francisco)

- Francisco, me hablan de un palomero que vino de Valencia…

- Si, verás, como fue… Teníamos aquí los colillanos… cuando vino este señor - moreno, alto y fuerte-, y se juntó con Castillo y con otro aficionado que se llamaba Pulido, que era panadero; entonces, hicieron una sociedad de palomos de “pica.

Aquí,

No había nada más

Que el Marteño

… y tuvimos que hacernos socios… “porque había que hacerse”. Cuando había concurso, teníamos que encerrar los marteños, porque se perdían los picas… ¡aquellos palomos valían mucho dinero!

“… Si soltabas los palomos cuando había concurso, la guardia civil iba a tu casa. El origen de la sociedad de caza La Paloma, hoy existente, viene de aquella sociedad de picas. Allí, pagábamos dos pesetas todos los meses, y en un salón que tenía Pulido en la calle La Fuente, hacíamos las reuniones.”

“… Soy criador, me gusta el vuelo y el palomo ladrón.”

- Francisco, ¿los criaban los padres a pico, o pasabas la “postura a otra pareja?

- “ Los criaban los padres, por lo que, algunos, “morían del buche”.

- Francisco, ¿qué es lo que más te gusta del palomo marteño?

-¡ Adoro su vuelo, que se retire y busque zuritos, perdidos…, pichones… Que se pare en los tejados donde haya palomos. Pero lo que más me gusta del marteño es su “trampeo”.

“…¡No puede haber un palomero de Martos, de aquella época, que diga: A “Cenizo” le he cogido un palomo, ¡ni uno! ¡A mi nunca me han cogido un palomo en suelta! ¡Y yo, aquí, me he juntado con diecisiete machos volando!”

- ¿Os fijabais mucho en la altura de patas, en la cabeza, en el pico..?

-“… Entonces no nos fijábamos en eso. Nos gustaba que fuera bueno en sus acciones y que volara mucho.

… A mi el buchón jiennense no me gusta, tiene una planta bonita arrullando y puesto en su palometa, pero cuando sale volando, se “desarma”. Para mí, el palomo marteño, cuando vuela, ¡es de una belleza fenomenal!”

- Tenemos un palomo que es único en España…

-“S, pero nadie se ha preocupado de él. No tiene una sociedad que lo defienda…, crearla sería bueno.”

- En eso estamos, Francisco, en eso estamos.

Después, me enseñó sus pájaros, sus canarios… me contó su anécdota de: cómo, aprovechando su condición de albañil y con la autorización de la Madre Superiora, subió al tejado de San Francisco y cogió con la mano un azul ali-blanco de Juan Rizquez (que por cierto no tenía “pisa”). Gracias, Francisco, por la amabilidad con que me has recibido. Espero que para el próximo Otoño tengamos reconocida una nueva sociedad de columbicultura en Martos, que nuestro Ayuntamiento nos dé un “empujoncito” para poder tener su sede en tu barrio, en tu Plaza, y que allí, nos puedas seguir deleitando con esta cultura marteña del palomo, que es tan natural como la vida misma.

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