Uno de los Mejores Palomeros
Hablar de Antonio González Gonzàlez es hablar de la astucia, de la sagacidad y de la inteligencia puesta al servicio de la captura de un palomo. Pero también es hablar del Real Madrid, de sus nueve copas de Europa y, como no, de sus magníficos palomos, todos ellos bien preparados para una antigua modalidad del bello deporte de la columbicultura, como es la suelta. Me reúno con él en el bar Roma de Martos y, entre vermú y vermú, me cuenta:
“… Nací en Martos, un 10 de Abril de 1931, en la calle Dolores Torres, en esta calle,
empecé a tener mis primeros palomos.”
“… En el año 1936, cuando empezó la guerra, había muchas necesidades. Mi padre tenía un comercio y había “trapicheos”…, algunas veces daba artículos por comida. En una ocasión, le cambiaron gran cantidad de palomos por artículos de su tienda, eran para comérlos; yo, cuando veía alguno que me gustaba, decía: ¡este no, este no se toca! Así empezó mi afición.”
- Antonio, aquellos palomos marteños, ¿volvían la cola?
-”Si, aunque menos que los de ahora. “… Había por entonces buenos palomeros: Francisco “Cenizo”, “Pestaña”, Pepe “El Pintor”, el célebre sombrerero Ocaña, que le decían “Cachichi”…
- Me hablaba Juanito Rizquez de un señor de Valencia…
-”Ah, bueno, ese señor, creo que vino de Valencia o de Murcia. Pero antes de venir él, estaban nuestros palomos…
¡El buchón marteño lo hemos hecho nosotros!
“… A mi me entusiasma la “caza”, es el deporte que yo he practicado… No sé si Juan Rizquez se acordará, un día, en la Fuente Nueva, le dije:
- Juan, no te quiero coger el palomo (un hijo del Azul de Pepa). Y me dice:
-¡A ese no hay quién lo “pille”!
- Ven conmigo a mi casa, le respondí.
… Cuando llegamos… ¡lo ves en las perinolas del cine San Miguel!, bueno, pues ahora verás, solté una de mis palomas, y su palomo la siguió hasta la trampa… “Le tuve que dar dos escobazos” para que no se metiera.”
“… Los palomos marteños se mecían volando”… lo hacían señorialmente y tenían un buen buche, pero no exagerado. Eran palomos ligeros y voladores. No eran de esos que son más estrechos que un “silbido”.
- Antonio, ¿cómo ponían la cola los marteños de antes?
-”No sé, no recuerdo… pero no eran tan exageradas como los de ahora…
(¡Cómo la de aquel plumín que una vez le cogí a Juanito Rizquez!: Su suegro, Pepe Jiménez, hacía una exhibición con él: siempre que iba alguien a verlo, cuando el palomo entraba volando al palomar, le impedía la entrada con la mano y el palomo al remontarse, ¡ponía una cola impresionante!… “El palomo aquel lo cazé con mi paloma y, ¡mira por dónde!, al día siguiente le veo el buche inflado, se lo llevo a D. Antonio Merino -¡que gran veterinario era… y muy amigo mío!- y le digo: ¡Mira lo que le pasa!, le operó, pero no tuve la precaución de ponerlo en un sitio fresco, era verano, le dio el Sol y se infestó y murió.”
“… Empiezo a tener palomos, en los años 40. Los que me gustaban eran los que volaban y se retiraban buscando… Un palomo de “salón” no sirve para nada, que es muy bonito, que tiene el ojo ribeteado… ¡vale!
El Palomo
donde hay que verlo
es en el Tejado
y en el Aire
“… Tenía “mal-colores”, que eran muy bonitos, pero no llegaban a los azules de Juanito Rizquez, que volando eran mejores que los míos. Poco a poco, conseguí hacerme de un palomar que causaba admiración en La Fuente Nueva: ¡venían a verlos volar gente de Jaén y de Torredonjimeno! En las perinolas del cine San Miguel, cuando iniciaban el vuelo, ¡eran un espectáculo!”
“… D. José Rodríguez Passolas, de Granada, me dio unos palomos de Osuna, de un tal Bejarano y los hice a volar. No eran como los nuestros, ¡eran más bonitos en el aire… el buche de pera, el cuello larguísimo y la cola llana! ¡Muy bonitos! Eran holgueros y, cuando volaban, no se alejaban mucho del palomar, al contrario que los nuestros.”
-¿Criaste con ellos?
-”No. Yo era el tipo de palomero al que no le gustaba criar. Yo veía un palomo que me gustaba y lo compraba, no era criador. ¡A mi lo que me gustaba era verlos trabajar en el aire!”
- Antonio, el palomo marteño no tiene el vuelo tan bonito como el holguero que tú me estás diciendo…
-“Exactamente, pero el palomo marteño es mejor que el holguero, sobre todo, para el vuelo largo y para traerte “presas”; el otro, tiene un vuelo más corto y es más perezoso volando.”
“… Luego, había otros palomos con ¡unas cabezas!… Yo conocí a un señor de Jaén, le decían José “El Blanqueador”, que tenía unos que eran impresionantes, venía mucho por Martos.”
“… Yo era muy conocido entonces, hasta tal punto, que, Rodríguez Passolas, un hombre muy célebre y muy conocido en Granada y al que le gustaban mucho los palomos, se dirigió a mi, y le mandé un palomo… ¡cómo sería el marteño que le mandé, que contrató a un pintor en Granada para que le hiciera un cuadro y lo puso en su despacho!”
- Antonio, me dices que te ha gustado el vuelo y la “caza”.
-“Hombre…, para cazar, tienes que preparar bien a los tuyos. El palomo hay que saber llevarlo.”… Lo que no se puede hacer cuando un macho está muy encelado, es meterle una hembra y rebajarlo de celo; ¡nada!, eso es contraproducente, porque cuando le quitas la hembra, se va a buscar otra y… ¡te puedes quedar sin él!”
“… Desde que comienzan los pichones sus primeros vuelos, con menos de tres meses, cogía a las hembrillas y las encerraba; después, dejaba a los pichonatos solos; alguno, cometía locuras volando, pero muchos de ellos salían muy buenos.“
“… Muchas veces llegaba un amigo a ver los palomos, y , a lo mejor, en ese momento, no volaban, y te decía: ¡suéltale una hembra! Tenías que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerle caso y soltarle una hembra. Eso no se puede hacer,
el palomo, si quiere paloma, que la busque
porque si le enseñas una paloma y lo “refrescas”, no se tranquiliza, lo que lo pones es mucho peor, cuando se la quitas.”
“… En el año 53 ó 54 se fundó aquí una sociedad de palomos de pica. Se llamaba Sociedad de Columbicultura “Blanca Paloma” y tenía su sede en la calle La Fuente. ¡Yo fui campeón! ¡Ganaba todos los concursos!, hasta tal punto, que me pidieron que no concursara, entre semana, porque estaban aburridos de que todas las palomas las cazara yo. Todavía conservo el cartel de un concurso de aquellos.”
“… Tenía mucha confianza en mis palomos, ¡una confianza tan grande!, que, un día, con Pepe “El de los Galgos”, fui a La Bobadilla de Alcaudete.”
-¿Y a qué vamos?, me dice, Pepe.
-A comprar una paloma para divertirnos un rato…
“… Total, que fuimos allí, y, a Jaime Pérez le compré una paloma con mucho celo. Cuando nos venimos a Martos y subimos a mi terraza, me pregunta:
-¿Qué vas a hacer?
-¡Coño! ¡soltarla, para que la traigan mis palomos!
-¡Anda, vas a hacer una locura! ¿Y si se pierde?
“… Cogí un macho, le di con la paloma dos veces en el buche y ¡se volvía loco!, y dije: ¡ahí la lleváis!, solté la paloma, y salieron los cuatro machos azules que tenía, detrás de ella. De momento…, ¡la paloma a mi casa…! Al comentarlo con palomeros, me decían que era mentira. Y decía mi amigo Pepe: ¡eso es verdad… que soy testigo de ello!”
(Jaime Pérez fue un columbicultor de La Bobadilla de Alcaudete (Jaén), muy aficionado a los laudinos sevillanos y a los rafeños, que los traía de Sevilla. Personalmente le conocí en los años ochenta, en este tiempo tenía ya mucha edad).
“… Yo les pintaba a mis palomos las alas en rojo, por esto los conocían, y algunas veces los palomeros me decían: En el campanario de San Amador hemos visto un palomo tuyo, ha estado toda la tarde con una paloma. Yo, les contestaba: ¡Ya la he cogido!”
“… ¡Qué cosa más bonita cuando los machos cogen a un perdido y lo meten en el centro… ¡es como los cabestros con los toros!, lo van arropando. Muchas veces me contaban: “… Lo que hemos presenciado hoy, es la maravilla de las maravillas, en el centro, llevaban tus azules un perdido… ¡dos delante y dos detrás!”
“… Los Palomos hay que saber Tenerlos,
Hacerlos y
Mantenerlos.”
“… El palomo que se monta encima de la hembra, dándole embestidas… ¡malo! Si ves uno que le da dos “arrullíos” y se va a su cajón a llamarla… ¡ese es el palomo!”
¡Así es mi amigo Antonio González!, aunque ya está retirado de la afición, las historias y experiencias que me contaba parecían que habían pasado ayer…
