Palomas Buchonas

Febrero 19, 2006

EXPOSICIÓN O VUELO

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:08 am

Cuando en los años 80 comenzamos con las exposiciones de buchonas, nada hacía predecir que el impacto fuera tal, que los aficionados se dedicaran al cultivo casi exclusivo de las características propias de exposición, es decir la belleza fenotípica. Hoy a finales del 2003, casi un cuarto de siglo después hay un sector de aficionados que añoran el trabajo y vuelo de aquellas razas antiguas que solo eran criadas para el vuelo, el trabajo y en definitiva la caza, en tiempos pasados una forma muy entretenida de aportar al puchero algo con que darle sabor.

Este sector empecinado en mantener o retomar y mejorar si es posible, aquello que fueron los buchones antiguos, hoy se encuentran con infinidad de problemas y no menos incomprensiones, entrando a veces en el clásico debate de exposición o vuelo.

De por si, plantear fríamente el debate sobre las dos opciones es totalmente negativo e injusto, ya que se está sometiendo a la raza y aficionados a una de las dos alternativas como si la conjugación de ambas virtudes y el buen gusto estuvieran reñidos. Nada más lejos de la realidad. Si nos preguntamos si en una raza puede coexistir la belleza y el trabajo, está demostrado que sí, como ejemplo valga los pastores alemanes, que no son admitidos para la reproducción mientras no tienen la belleza suficiente y la aptitud de trabajo adecuada, ambos son certificados en distintas pruebas. Podría seguir poniendo ejemplos de distinta razas, pero en todos ellos podemos apreciar varios factores a tener en cuenta. Detrás de cada sector de aficionados debe de haber un ente que organice todos los trámites, pero sobre todo debe de existir la voluntad colectiva de conjugar las dos cualidades por parte de la afición.

En los últimos tiempos se está produciendo una regresión acelerada, inversa a la selección de la belleza, quizás porque el aficionado ya sabe que poco puede mejorar en cuanto a la belleza de las distintas razas de buchonas y más aun en el caso de la raza que cultivo, el buchón jiennense, de la que por otro lado puedo opinar al haber enjuiciado un Nacional y tres Monografía de Torredonjimeno con casi quinientos ejemplares de esta raza, donde se hace verdaderamente muy difícil clasificar a los ganadores entre tanta calidad, uniformidad y belleza.

Sea por lo expuesto o bien por la inquietudes propias del los aficionados, ya existen un conjunto de criadores que intenta introducir alguna moda según casos y mantener o recuperar aquellas virtudes que nuestra raza tuvo, algunas de las cuales detallo.

De todas ellas la primera creo debe ser la capacidad de vuelo, pues existen hoy líneas que bien por cruces inadecuados –si es que hay alguno adecuado- o por la ausencia de selección en su crianza, han ignorado el vuelo, llegando casi a perder esta capacidad tan natural y sinónimo de nuestra raza.

Una vez que tenemos la capacidad del vuelo, pasaría al radio de acción, es decir no me sirven aquellos palomos que al menos no tienen un radio mínimo de vuelo, pues tendríamos un palomar carrusel donde cuando llevamos diez minutos viendo volar a los ejemplares terminamos mareado de tanto dar vueltas.

Si a esto no añadimos trabajo tendríamos unos ejemplares de recreo que podrían estar todo el día volando pero ignorando aquello que sucede a su alrededor, entrando en una buena sensación pero agridulce, ya que transcurrida la primera media hora en el palomar sin ver la más mínima intención por parte de los solteros en conquistar algo que introducir en su cachapera, echaríamos en falta el fin más primitivo para el que fueron seleccionados.

Un ejemplar que tenga una buena capacidad de vuelo, gran radio de acción y un hermoso trabajo, será cuanto menos un animal para divertirse con él. Pero todo esto no estaría completo si en sus saques, lances, marcados al palomar y en definitiva todo lo que supone su movimiento en pos de la conquista, no existiera un mínimo de belleza en vuelo. ¿Donde debe de estar el límite de la belleza en vuelo?, para mi gusto este debe estar condicionado al momento en el que se encuentre el ejemplar, para ello pongo varios ejemplos sencillos:

Un animal ante fuertes vientos deberá tener capacidad de recoger atributos y ser capaz de tomar altura, para defenderse de las inclemencias.

Encontrándose en pleno celo y en búsqueda, navegará relativamente embebido, cuando tope con otros congéneres sacará esos atributos, guardando su máximo esplendor para cuando se encuentre en pugna con otro macho o en la seducción de una hembra en el aire. Este último momento de máxima transformación es el que a veces nos hace dudar que estemos ante el mismo ejemplar que momentos antes veíamos buscando.

Si en su día el olvido del trabajo fue negativo para la raza, igualmente lo sería ahora si nos dedicáramos solamente al vuelo olvidando el camino recorrido y el trabajo realizado. Las exposiciones pueden o no ser buenas para la raza, -ese sería otro tema-, para mi son un barómetro donde podemos ir apreciando la evolución de la raza a parte de encuentro e intercambio de ideas entre aficionados, por lo que no debemos de prescindir de ellas, pero habría que buscar la forma de conjugar ambas corrientes, porque como dice un buen amigo “¿ a quien no le gusta un palomo de estándar diez, que vuele mucho, con figura en vuelo y mucho trabajo?”, claro que cuando hace esa reflexión siempre hay otro aficionado al lado que le responde “anda….. a todos nos gustan pero….. ¿Dónde están esos? “

En la actualidad no existen muchos de esos, pero ya se van viendo palomares no solo en Jaén si no en otras provincias, con cierta uniformidad de belleza tanto de estándar como en vuelo, estos aficionados ya bastantes conocidos, están siendo precursores en su tiempo y van a la cabeza en cuanto a gustos e influencias en la evolución propia de la raza. Están consiguiendo ejemplares con unos rasgos matizados con arreglo al estándar de belleza que en una exposición estarían entre los setenta y los ochenta puntos, pero en contrapartida es una delicia ver volar estos ejemplares con unas colas vueltas limpias en su albadilla, -no entubadas-, cuellos hacia delante con ángulo aproximado de treinta grados, patas recogidas al abdomen, buche de pera sin oscilación lateral, dando la sensación de compacto en cuanto a su dureza, remo con nervio en búsqueda y pausado en su máximo esplendor de conquista, llegando a palmear cuando intenta llamar la atención de sus acompañantes de vuelo, que si lo añadimos a un buen radio de acción, nos encontramos ante unos ejemplares para mi bastante equilibrados, que o mucho me equivoco o puedo predecir que será el Buchón Jiennense de los próximos años.

No quiero dejar la ocasión sin puntualizar que con el máximo respeto hacia las ideas de cada aficionado, creo negativo para la raza y no soy partidario de criar dos líneas distintas, una para exposición y otra para el vuelo, porque entraríamos en una incongruencia por oposición, o los unos o los otros no serían jiennenses o ……¿tal vez los dos?

Podrá haber quien me diga que nunca hubo tanto cuello y cola en nuestros razas antiguas, pero yo hago memoria y recuerdo hace más de treinta años, palomares como los de Gabriel “el Jardinero” con su gotados muy vueltos navegando de la Catedral a Santiago, o el de Pepe “el Pintor” que nos deleitaba con sus gabinos de la Catedral a la Magdalena, esos que estiraban cuello y volvían cola. Esos ejemplares no envidiarían hoy día a los de Miguel Cabello “el de Montilla”o los de Antonio Ruiz Delgado de Martos, por poner unos ejemplos de los más significativos y homogéneos del momento, otra cosa sería hablar de los matices fenotípicos de aquellos tiempos ya que andaban un poco a la casualidad y al gusto del criador.

Como conclusión final decir que creo posible la compatibilidad de la belleza de estándar, vuelo y trabajo, es cuestión de más sacrificio, tiempo y trabajo, pero sin competencias desleales, que por otro lado deben de estar los jueces capacitados para detectar y penalizar, cuando en una exposición aparezca una belleza excesiva e impropia de la raza, tal vez haya llegado el momento de ponerle freno al desarrollo exagerado de atributos fenotípicos, por muy cómodos que resulten en los enjuiciamientos. Por otro lado quizás tengamos que empezar a llamar cruzados aquellos ejemplares que más nos recuerdan en sus saltos y cortos lances a otras razas no muy lejanas y que en estándar apenas llegan a esos setenta puntos. En cualquier caso el tiempo, las tendencias y sobre todo los aficionados tienen la última palabra.

En Jaén 01-11-2003 Juan Espinosa Martínez.- Criador de Buchón Jiennense.

La Paloma Correo Española

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:07 am

Texto extraído literalmente del libro Palomas y Palomares de Mario J. Conde (Editado sobre 1929). La importancia del mismo puede radicar, o al menos resultar curioso, en la definición tan precisa que hace de ambas razas, citando la azul de la estrella como una de las razas a utilizar para obtener la buchona-ladrona-valenciana. En cuanto a la descripción que hace del color de la magaña, si no entiendo mal, se refiere al ahumado, pero el detalle de las remeras coloreadas en rojo, me hace recordar en los años sesenta cuando aun se podían ver en Jaén algunos ejemplares denominados Valencianos, eran raros aquellos que no poseyeran esta característica, a igual que era frecuente ver el color ahumado hoy casi extinguido en el Jiennense. Las remeras salpicadas más o menos en rojo, junto con las bandas (barras) en igual color, recuerdo antiguos aficionados que al valorarlas, casi todos sus ejemplares las poseían. J. Espinosa. 09/05/04

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La Paloma Correo Española.- (Columba Hispana Tabelliaria)

Dos son las bien definidas variedades que desde muy antiguo reconocen en algunas provincias de España, figurando en primer lugar Valencia y Alicante.

LA PALOMA AZUL DE LA ESTRELLA, preciosa e inteligente ave, lo mismo Magaña, hace más de cincuenta años que los frailes de Santo Domingo de Játiva consiguieron sueltas de más de 300 kilómetros, con muy poca educación de los ejemplares y grandes dificultades que tuvieron que vencer en aquellas comarcas, donde el gran número de gavilanes y aves de rapiña era numeroso.

Esta paloma es pequeña, de cabeza redonda, de ojos muy grandes, pico corto, cola y alas muy robustas y proporcionadas, las piernas desnudas y sin escamas. El nombre de la Estrella se deriva de que en el centro de la cabeza y parte posterior del occipucio, la mayoría de los ejemplares poseían tres o cinco plumitas blancas, que hoy el poco cuidado de los aficionados ha hecho que haya desaparecido casi esta distinción al propio tiempo que dan muy poca importancia a este signo los criadores modernos, dejando para la reproducción ejemplares que hayan hecho largos viajes prescindiendo de toda clase de signos.

Es la más fugitiva de todas las palomas que se conocen y también la de vuelo más elevado y sostenido que existe y que más dificultades reúne para el avenamiento. (Cultivo del instinto de seducción y persecución, o costumbre de las palomas en libertad a volver a su palomar.)

LA MAGAÑA O DE LA RAZA.- O sea raza del país; la denominación se deriva de la membrana semipalida que circunda el ojo y desciende hasta el ángulo que forman las dos válvulas del pico, formando casi solución de continuidad en las comisuras de dichos ángulos y en la membrana o mucosa de la boca. Como es además del color de las legañas (producto fisiológico del ojo, que en lengua lemosina se denomina magañas) y como el origen de esta raza de palomas es del país en donde se ha hablado el dialecto lemosin –Valencia- parece que desde muy antiguo se le dio este nombre.

La paloma magaña es algo más grande que la azul de la estrella; viene a ser de un tipo de la raza belga de Lieja. Es de color neboliano muy oscuro, casi negra. El abdomen y lomo de color mate, con rayas azules a la parte media inferior de las alas, la cabeza algo alagada, las membranas de la nariz un poco pronunciadas. Es bastante alta y patas fuertes y resistentes; la parte interior de los muslos y las patas completamente despobladas. Los ejemplares más selectos tienen las doce últimas plumas de las alas o remeras de un color azul rojizo, y la cola azul oscuro. Es poco fecunda generalmente.

El cruce de la Azul de la Estrella y de la Magaña ha dado muy buenos resultados.

De las mensajeras de la raza Magaña y Azul de la Estrella, se obtienen ejemplares de clase superior en Valencia y su provincia.

Paloma buchona-ladrona valenciana

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:06 am

Texto extraído del Libro Palomas y Palomares de Mario J. Conde, publicado en los albores del siglo pasado (1929). Publicaciones como esta nos demuestra los novedosos que son los conceptos de las razas buchonas españolas como hoy las concebimos.

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Paloma buchona-ladrona valenciana

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La Buchona-Ladrona-Ideal es la que llamaríamos vulgarmente Quinterón o sea el cruce efectuado por la cuarta vez de la paloma buchona-ladrona con la mensajera.

Para separarse lo más posible de la consanguinidad o parentesco se escogerán dos o tres buchonas de probada valía e igual número de mensajeras de lieja o, en sustitución de éstas, la mensajera azul de la estrella valenciana, o bien la Carriére inglesa, efectuando el cruce de éstas con las buchonas. El primer resultado será el cruzado, teniendo igual cantidad de mensajera y de buchona, este cruzado vuélvese a cruzar con la buchona, obteniéndose por resultado los tercerones, que tendrán de tres partes, dos de buchona y una de mensajera; el tercerón vuelve a cruzarse también con la buchona naciendo de este cruce los cuarterones que de cuatro partes tres de ellas corresponden a la buchona y una a la mensajera; por último, este cuarterón debe a su vez cruzarse con la buchona, obteniéndose en este cuarto cruce el quinterón, que como es natural le corresponderán cuatro partes a la paloma buchona y una a la mensajera.

Resultado es este de los cruces que, aunque no fuese lo suficientemente exacto, es el que más se aproxima a la realidad. Debemos, pues, considerar que cuanto más tenga de buchona la paloma obtendremos mejores y más definitivos resultados de ella.

Por este procedimiento es como se obtiene la paloma Buchona-Ladrona-Ideal; pues llevando a cabo con una inteligente selección zoolténica el cruce y recruce, el Quinterón no tan solo poseerá los tres instintos que caracterizan a la buena buchona-ladrona, sino que llegará a su máximo perfeccionamiento, adquiriendo además una gran velocidad en el vuelo, por su solidez y desarrollo muscular y de todas sus plumas, en general, y en particular la contextura de las remeras de las alas, extraordinariamente resistentes.

Para obtener este resultado precisan, por lo menos, tres años. Los que se dediquen a seleccionar colores determinados deberán escoger, para los cruces, el color que deseen: bien rojo, blanco gavino (color de la gaviota o gallina de mar) etc., escogiendo para ello la Carriére o la mensajera ligera.

ALAS CAÍDAS

Clasificado bajo: enfermedades — Administrator @ 4:05 am

En nuestro palomar a veces nos aparece ese ejemplar que deja caer las alas perdiendo todo su porte y desmereciendo las demás virtudes que pueda tener. Este defecto puede ser consecuencia de más de un problema y en otros casos, anterior o latente. Para definir la caída de alas tendríamos que puntualizar que caen ambas y por igual en la mayoría de los casos, o por el contrario estaríamos ante un caso (traumatismo) distinto al concepto en cuestión, pero que igualmente lo analizaremos. Cuando no existe caída del ala, si no que la abre con las remeras escalonadas y llegando más o menos al suelo, lo que en el argot nuestro denominamos “alas apersianadas”, esto no tiene remedio es una tara hereditaria y estaríamos analizando otro caso distinto al tema que tratamos.

Se pueden presentar varios tipos:

Hereditario

Cuando es una característica de nacimiento, es decir genética, tendremos un defecto (para la mayoría de las razas buchonas) siendo la única solución eliminar el transmisor o intentar compensarlo con un cruce adecuado. Será genético cuando algunos de los antecesores, padres, abuelos, etc., la tenían, suelen manifestarse en los primeros celos, acentuándose en los comienzos de galantería o cuando están pasados de celo, pero una vez que ocurre es difícil que desaparezca.

Este caso se da con frecuencia en ejemplares que provienen de algún cruce con razas como el morrillero alicantino, utilizado para darle cuello, radio de acción o cualquier otra característica experimental que el criador busque. Nos costará mucho trabajo “arreglar” uno de estos ejemplares.

Traumatismo

Un palomo puede sufrir algún tipo de trauma por caída o golpe, que hace que las alas no queden en su sitio. Este caso lo distinguimos cuando ha tenido las alas en posición correcta y de la noche a la mañana “las tira al suelo”, no volviendo nunca a su forma correcta. Puede coincidir con un tiempo de incapacidad para volar y no suelen estar las dos alas a la misma altura o en su caso solo cae una. En definitiva esta incapacidad estará causada por la rotura de algún hueso que con el tiempo y reposo cura, pero deja secuelas de posicionamiento en su esqueleto óseo y alteraciones en su masa muscular que dificulta el plegado correcto del ala.

Enfermedad

La situación que se nos presenta con más frecuencia es la producida por enfermedad. Los que hemos visto pasar a nuestras palomas todo tipo de diarreas, sabemos que casi siempre van asociadas a abatimiento y caídas de alas. No en vano los aficionados en nuestra ignorancia de términos científicos, -no por ello carecíamos de dotes de observación-, le dimos el nombre vulgar de MAL DE ALA O COJERA, a una de las enfermedades más comunes de nuestras aves, LA SALMONELOSIS EN SU FORMA ARTICULAR.

Este cuadro de SALMONELA, tras penetrar en el riego sanguíneo a través de las paredes intestinales, se aloja en las articulaciones, desarrollando una inflamación dolorosa, que les hace dejar caer las alas o encoger una de su patas simplemente para aliviar su dolor, o por la presión que le ejerce la inflamación al músculo imposibilitándole la recogida del ala. Cuando el aficionado, trate debidamente su paloma infectada, sanará y a penas quedarán secuelas, volviendo las alas a la posición anterior a la enfermedad. Si por el contrario tenemos un ave que lucha contra la enfermedad por sus propios medios y al final se convierte en enferma crónica, es muy posible que este portador (vectores de gérmenes) permanezca con las alas caídas mientras viva.

Falta de forma física

La última opción que he querido contemplar es la menos importante por ser la que menos afecta a la anatomía del palomo, si bien es la que con más frecuencia se nos da. Cuando tenemos el caso que en condiciones normales, “no tira las alas” y solo lo hace al regreso de un vuelo más o menos sostenido, nos encontramos con una falta de forma física sin más trascendencia, siempre y cuando pasado unos minutos de reposo las vuelva a colocar en su posición correcta.

PAUTAS A SEGUIR SEGÚN CASOS

Para el tipo hereditario o genético cada uno seguirá las opciones que crea convenientes, si bien la experiencia me ha enseñado que cuesta bastante deshacerse de esta tara máxime cuando va acompañada de albardilla grifada, carácter fuerte y temperamento guerrero.

El caso traumático quedaría determinado por la intensidad de la incapacidad que le genere, he visto muy buenos machos en suelta con una sola ala caída, que en el aire no se les notaba nada, en cualquier caso siempre podemos tener un gran semental que NO transmitirá este defecto a su descendencia.

Para las situaciones consecuentes de enfermedad, si son tratadas a tiempo no tienen mayores secuelas. Por el contrario si se convierten en portadores y tienen la fortaleza de recuperar el vuelo, difícilmente recupera la posición correcta de sus miembros, igualmente no debe de trasmitir esta anomalía salvo que por falta de higiene sus hijos nazcan ya siendo portadores de la salmonela (algunos subsisten y no mueren en los primeros días). Ver artículo sobre la salmonela por transmisión ovárica

Para la falta de forma física, -dolencia generalizada de nuestros días- solo cabe las normas básicas de toda buchona de vuelo y trabajo:

-Higiene

-Salubridad

-Alimentación sana

-Mucha libertad

Con diez minutos al día de suelta no podemos pretender que nuestros buchones estén en forma. Lo más adecuado sería que ya de pichones estuvieran en libertad permanente, pero en el peor de los casos cuando esté seleccionado, mudado y con su habitáculo aquerenciado, dejémosle en suelta permanente y si queremos tenerlo algo más entero para enseñarlo en plenas facultades o para un enjuiciamiento en vuelo y trabajo, con dos días de encierro serán suficientes para verlo en plena forma. De lo contrario cuando soltemos un palomo que no esté en forma, a la vuelta de un vuelo medianamente sostenido, si es capaz de ello, las alas le llegaran al suelo y el pico le bajará al pecho. Esta situación no debemos confundirla con el porte elegante y recogido de los grandes ejemplares, esos que a la vuelta de un vuelo de larga duración y espacio, regresan al palomar con el pico abierto y las plumas totalmente pegadas al cuerpo, produzco del esfuerzo realizado, como cualquier deportista después de un gran esfuerzo.

En Jaén a uno de Mayo de dos mil cuatro.

Juan Espinosa Martínez.

Criador de buchón jiennense.

ESTÁNDAR DEL BUCHÓN MARTEÑO

Clasificado bajo: Estandar — Administrator @ 4:03 am

GENERALIDADES. El marteño es un palomo muy conocido en Andalucía, sobre todo, en la provincia de Jaén, donde tiene su origen en Martos. Su antigüedad puede ser de un siglo.

Esta raza de palomos, como la mayoría de las razas que predominan en la columbicultura, sin ser primitiva, los más viejos del lugar, consultados, la han conocido con las mismas características, y dicen, que fue el resultado de diferentes cruces entre varias razas, entre las que podemos destacar: el “Gorguero”, el “Colillano de Sevilla”, el “Rafeño”, el “Murciano” y alguna más, sin atreverse nadie a asegurar, cuál de ellas aportó más; pero sí sabemos que el resultado fue un palomo con unas cualidades y belleza algo excepcionales, tanto en vuelo como parado.

ASPECTO GENERAL. Son palomos de tamaño mediano, de pico corto y engatillado, cabeza redondeada y porretas o carúnculas nasales triangulares. Son ejemplares de carácter arrogante, aspecto orgulloso y desafiante, buena altura, aunque algo más pequeños que el jiennense. Se dice que es un palomo recortado, lo que le hace ser muy ágil de movimientos, salto y vuelo. Por su parte delantera, el cuello es alto y la cabeza erguida, con el buche redondeado y algo descolgado. Son muy vivaces y con mucho coraje y trapío y, a su vez, muy melosos con las hembras, pichones o perdidos.

CONJUNTO EN VUELO. Su vuelo es lento y reposado, lo que le da un aspecto majestuoso, sobre todo cuando vuelan acompañados. El cuello lo llevan estirado y levantado, el buche redondeado y ligeramente descolgado. El movimiento de las alas de arriba hacia abajo, sobre todo cuando saltan o inician el vuelo, para después, llevar un movimiento acompasado y tratando de pararse en el aire al encuentro con otros palomos. La cola vuelta hacia arriba formando una semicircunferencia, que en los mejores ejemplares parece una circunferencia casi perfecta. Esto le hace diferente a cualquier raza. Conviene para valorar estos ejemplares, verlos volar o como mínimo saltar, aunque cogiéndolos con la mano y provocando una ligera presión en la albardilla, se puede apreciar o imaginar, cómo van a llevar la cola cuando vuelen. Los vuelos son largos y, buscan posibles capturas de otros palomos, no se entregan con facilidad en otros palomares.

TRABAJO EN EL AIRE Y EN EL PALOMAR El buchón marteño es un palomo muy ligero, por este motivo tiene gran facilidad para volar y para demostrar sus cualidades de trabajo y “trasteo”. Siempre que una pieza pase por su territorio, iniciará el vuelo para atraerla a su palomar. Si se encuentra con ella en el aire, lo más probable es que se “coloque” (sacando morrillo, descolgando buche y punteando la cabeza), pero siempre deberá mostrar afán de persecución y conquista, así como cualquier otra cualidad que nos haga pensar en su “pequeña inteligencia” y siempre deberá demostrar su instinto de conservación para no ser atrapado.

Un aspecto muy importante del carácter del marteño es su trabajo en el palomar. Se valorará `positivamente cuando de regreso al palomar –llevando pieza- pase a su jaulero, comience a llamarla y siempre esté pendiente de ella. Los “saques” de trabajo serán siempre con la finalidad de atraer a la pieza y nunca alejarla. Si se encuentra en el tejado con ella, nunca deberá corretear a la misma, le dará uno o dos arrullíos e intentará mediante “trasteos” llevarla a su cajón o bien jaulero.

CABEZA. La cabeza debe ser redondeada por la parte superior, pudiendo aparecer en ciertos casos algo “acarnerada” o alargada, pero nunca azuritada o carifina, no debe tener “hachazo” y de tamaño proporcional al palomo.

COLA y ALBARDILLA . La cola es una de las principales características que define al buchón marteño. Debe de ser vuelta hacia arriba formando media circunferencia, que en los mejores ejemplares parece una circunferencia casi perfecta. La albardilla deberá de ser amplia, en los mejores ejemplares 4 ó 5 dedos de ancha. La albardilla deberá de ser amplia.

OJO El iris del ojo debe ser rojo y brillante, sobre todo en los colores oscuros, admitiéndose en los de pluma clara, tonos anaranjados.

RIBETE. El cerco del ojo o ribete, debe ser fino y acompañando al color de la pluma, pudiendo tener, los adultos y sobre todo los machos, su semi-cerco del mismo color y grosor en su parte delantera.

PICO El pico es corto y algo curvado en su parte anterior (engatillado).

ROSETAS O CARÚNCULAS. Las rosetas en forma de dos triángulos, no muy grandes, pudiendo ser en los machos adultos del tamaño de un grano de maíz, en las hembras, las rosetas son más pequeñas. En la parte inferior del pico pueden tener una o tres verrugas, los adultos.

PATAS. En general, de color rojo, siendo en algunos casos moradas; fuertes de tamaño, mas bien altas, lo que les da un aspecto de esbeltez y gallardía, no debiendo tener plumas en ellas (calzados).

BUCHE y PECHO. Deberá de ser verde o cobrizo en los azules, y marrón o canela, en los rosados y bayos. Los demás en su propio color o el más cercano al color predominante. Su forma es redondeada, sin llegar a arrastrarlo en posición de arrullo y algo descolgado. Nunca inflado o subido hacia arriba, pudiendo tener una tirilla central que lo parte en dos mitades. Cuando vuelan lo deben de llevar de la misma forma y posición. El pecho deberá de ser ancho, y la medida, aproximadamente la dos terceras partes de su longitud.

PLUMA, FORMA Y COLOR. Las plumas deben de ser brillantes y sedosas; pegadas al cuerpo y de colores armoniosos, admitiéndose cualquier tonalidad, incluso tonos mezclados, siempre que guarden una proporcionalidad en ambos lados o de frente. En muchos ejemplares es característico los “baberos”.

En la cola y alas, las plumas deberán ser anchas y vigorosas; pudiendo tener doce, trece, catorce y hasta quince plumas en la cola, sin que ello constituya ningún defecto ni virtud. En posición de arrullo, las alas deberán de “abrochar” bien (no dejarlas caer o arrastrar) y las plumas de la cola han de quedar aproximadamente igual de largas que las de los extremos de las alas.

PLANILLA DE ENJUICIAMIENTO:

A efectos de valorar el estándar del marteño en competición con otros ejemplares (concursos provinciales, nacionales, etc.), será imposible evaluar los parámetros de conjunto en vuelo, trabajo en el aire y en el palomar. Por lo tanto, no se podría valorar la cola cuando el palomo o la paloma se encuentre volando, cualidad fundamental del buchón marteño. Por este motivo, en la planilla del estándar del buchón marteño, se incluyen los apartados de Cola y Albardilla, a valorar por el juez en la sala. Para ello, el juez, deberá coger el palomo en la mano y presionando la albardilla, dará un ligero volteo al palomo, así podrá apreciar, en cierta manera, cómo va a llevar la cola cuando vuele.

El apartado de Cola no indica qué palomo es el que volando vuelve más la cola hacia arriba, sino que nos dará una idea del grado de vuelto de cola que es en la mano. Este último aspecto es interesante, porque nos puede servir para imaginarnos cómo podría llevar la cola cuando se encuentre en vuelo y, por supuesto, como otro dato importante de la fijación de la raza marteña.

PLANILLA

Aspecto general: 25 puntos

Cola 15

Albardilla 5

Alas, pluma y color: 10

Buche y Pecho: 10

Cabeza: 10
Ojo y ribete: 10

Pico: 5

Rosetas o carúnculas 5

Patas: 5

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Total : 100 puntos

CONCLUSIÓN: Desde estas páginas, quiero dar las gracias a todos los que han colaborado en este Trabajo de Aproximación al Buchón Marteño. Me queda un regusto muy agradable: estos apuntes me han ha servido para conocer todavía mejor a este bello ejemplar que ha convivido conmigo desde que era un niño. Sus orígenes, pienso que siguen inciertos, y su antigüedad… ¡quién la sabe! ¡Nuestro Marteño se pierde en el pasado … en la leyenda… en la historia! Tiene tic de muchas razas, como ocurre también con nosotros los andaluces… pero es netamente andaluz… También quiero deciros que se han celebrado dos EXPOSICIONES DEL PALOMO “BUCHÓN MARTEÑO” (año 2002 y 2003), abiertas a cualquier aficionado a la raza, para conseguir que

NUESTRO PALOMO

REMONTE EL VUELO

EN TORNO A SU PEÑA,

GRACIAS AL ESFUERZO DE TODOS.

Juan Torres Orta. Presidente del “Club Internacional de Criadores del Palomo Buchón Jiennense” y Secretario del Club Deportivo “Buchón Marteño”.

C.D. “BUCHÓN MARTEÑO”
Avda. Moris Marrodán

(estación de autobuses)

23600 MARTOS (JAÉN)

Tlfon contacto: (953)552960

COLUMBICULTORES DE MARTOS

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 4:02 am

Este trabajo de aproximación a la raza de buchones marteña, lo voy a completar con unas preguntas a los criadores José Cabrera Ocaña y Miguel Gallego Expósito, jóvenes promesas de la columbicultura marteña y posibles dirigentes de la futura sociedad en ciernes…

José Cabrera Ocaña

- Pepe, desde cuando crías esta raza:

-“Hace 30 años”

- Qué sabes de sus orígenes:

-“Que es bastante antigua”

- Qué razas crees que han intervenido en la formación del Marteño:

-“El buchón granadino”.

-¿ Cuál es la cualidad que los criadores más aprecian en este tipo palomos?

“Que tengan buena estampa y se pongan bien en el aire.”

- Describe el marteño ideal.

-“¡Ojo grande, pico corto, ancho de “narices”, buche rajado y grande y cola ancha y cerrada hacía arriba.”

- Debería el Marteño convertirse en raza oficialmente

-“S, porque tiene características propias.”

- Qué censo de criadores existe en la raza.

-“Aproximadamente, treinta.”

-¿Con qué problemas se encuentra la raza?

- “Con ninguno.”

- Dile a un aficionado, porqué debería criar marteños.

-“Porque son elegantes en el aire”

Encuesta a Miguel Gallego Expósito

- Miguel, desde cuándo crías marteños.

-

-“Desde hace 24 años”

- Qué sabes de los orígenes

- “Los desconozco”

- Qué antigüedad podrían tener.

- “Según me han dicho palomeros antiguos, pueden llegar a tener más de

cien años.”

- Qué razas crees que han intervenido en la formación del Marteño.

-

-“Desconozco qué razas han podido intervenir;

- Qué cualidad es la que los criadores aprecian más en el marteño.

-“Que “trabajen” bien tanto en el palomar como en el aire y que tenga un elegante

vuelo.”

- Describe al Marteño ideal.

-“Buena estampa (cabeza bonita, buen cuello, buena delantera, etc.), elegancia en su vuelo y la más apreciable y valorada: que cierre la cola lo más posible en la parte superior, formando casi una circunferencia…”

-¿Debería el palomo marteño convertirse en raza, oficialmente?

- Pienso que sí. Es un palomo con muy buen trapío, y, creo que gustaría a los aficionados a la columbicultura ya que se ha utilizado para cruzarlo con otras razas, como la del buchón jiennense. Otra de las razones es que fuera reconocido y valorado.”

- Qué censo de criadores existe en la raza.

-“Aproximadamente entre 30 y 40 .”

-¿Con qué problemas se encuentra la raza?

-“Que es poco conocida y que habría que unificar criterios sobre cómo debería de ser el palomo, por eso, habría que crear un estandar para tener una línea a seguir.”

- Dile a un aficionado porqué debería de criar marteños.

-“Yo animaría a la gente a criar nuestro palomo, porque reúne muchas cualidades de otras razas y porque es un palomo autóctono de Martos y con muchos años de antigüedad.”

- Deseas añadir algo más.

-“Lo único que quiero exponer es que este palomo sería una pena que se perdiese, dado, que, como te he dicho, es un palomo que podría llegar a ser uno de los más valorados en la columbicultura, tanto por su belleza y acciones como por su antigüedad…. Mi gran objetivo seria animar a la gente joven, tanto de Martos como de otros pueblos, a criar este palomo. ¡No les defraudaría!

Gracias Miguel Gallego por tu colaboración en esta encuesta; gracias, posible futuro presidente de la nueva Sociedad de Columbicultura. Ya, prácticamente, he llegado al final de este trabajo de aproximación al Buchón Marteño…, pero, no quiero antes finalizarlo, sin omitir en estos apuntes, que en el año 1993 se reunieron unos criadores de Martos, entre ellos nuestro paisano Antonio Muñoz Molina, y confeccionaron una propuesta de cómo debería de ser el estandar del palomo marteño.

EPILOGO:

Este trabajo de aproximación al buchón marteño se publicó en la revista COLUMBA, a partir de Septiembre de 2001, en los números IV, V y VI. Meses después, se fundó la Sociedad de Columbicultura “Club Deportivo Buchón Marteño”, de la que actualmente (Diciembre de 2003) soy Secretario. En Diciembre de 2001 fue aprobado en Asamblea General Extraordinaria, y por mayoría absoluta, el ESTÁNDAR DEL BUCHÓN MARTEÑO:

EL ÙLTIMO PALOMERO DE LEYENDA EN ACTIVO

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José López López, alias Pepe “Jarruña”, tiene actualmente 85 años y desde que tenía nueve años es palomero, por lo tanto, es, ni más ni menos el último de esta leyenda de palomeros, que han hecho de una manera u otra que el buchón marteño llegue hasta nuestros días como una auténtica raza. Setenta y cinco años de palomero ininterrumpidos, porque me cuenta, que ni cuando estuvo la Sociedad de los Picas en Martos, quitó sus palomos. Ha sido en el mundo del palomo, “un lobo solitario”. Hoy, viudo, su vida transcurre dedicada a los galgos y a sus palomos, sobre todo a la suelta de palomas. Tiene un aspecto físico excelente, al recibirme en su casa de la carretera de Santiago de Calatrava, en Martos.

¿José, tu familia tenía palomos?

-“No… mi tío Manuel, tuvo en la calle Roa, pero fue poco tiempo”

- ¿En tu juventud, ¡cómo recuerdas los palomos marteños?

-“ Antes eran palomos “marcados” (cola llana), después vino un cruce -que no sé por dónde- y ¡fue sonado en Martos! … El primer palomo con la cola vuelta hacia arriba -que yo vi- lo tuvo un palomero que le decían Miguelillo “El Mirandico”, esa familia creo que se fue a Lérida.” “… Los palomos marteños, tal como los conocemos hoy, empiezan a surgir a partir de los años cuarenta. “…Cuando me fui a la mili, a Cádiz, por el año 1941 ò 42, ya había palomos marteños vueltos de cola; yo tenía un macho azul de esta clase.”

- Pepe, me hablan de un palomero, nacido en el Levante español, llamado Bernal, que trajo unos palomos…

-“Bernal, ¿uno que era valenciano, que hacía alpargatas? No sé, antes empezaron a traer valencianos - de esos calzados- pero eran palomos muy fríos y a mi no me gustaban. Se pasaban las horas en el tejado, “espurgándose”. A mí me gustaban los palomos que “trampearan”, que se buscaran la vida.”

- Pepe, ¿qué es lo que más te gusta de los palomos?

-“Hombre, muchas cosas, pero sobre todo, que sepan “trabajar” y traer palomos forasteros a su palomar; ¡seis he pillado esta semana! Tres tengo ahí, y tres que le he dado a la muchacha que viene a hacer la limpieza.”

-¿Cómo eran los buchones marteños de antes?

-¡Fenómenales! “…Una vez, mi hermano compró a Arenas “el del Puesto” un palomo; con este, un berrendo muy sonado en el pueblo, que más tarde le llamaron “el berrendo de Jarruña”, y con un azul, “el azul de Jarruña” - que le decían también “el tanque”- formé una buena casta de palomos. “… El sombrerero de la calle San Pedro, Ocaña, me pagaba por él lo que yo hubiera querido… se lo dejé para criar y, luego, tardé mucho en recuperarlo.”

“… “El Azul de Pepa” que tanta fama tenía por “el Portillo”, lo tenía mi tío, que se lo regalé yo. Juanito Rizquez se lo compró a él. Ese palomo era llano, pero, ¡con unas anchuras! ¡ese palomo mientras volaba, iba arrullando!”

Como podrán comprobar la historia de este palomo, “El Azul de Pepa”, es muy repetida por los diferentes interlocutores de estos apuntes históricos. Esta historia ocurrió hace más de sesenta años pero en las mentes de estos hombres no se borra el recuerdo de aquel ejemplar… de aquel macho azul que cuando volaba por el Portillo iba arrullando en el aire.

La selección de una raza es así, ¡con los mejores..! Así, poco a poco, la raza de buchones marteños se fue consolidando, adquiriendo unas características propias en función del carácter del palomo, de su vuelo, y, cómo no, de su coraje en la conquista de una bonita paloma.

Pepe “Jarruña”, como cariñosamente lo llama todo el pueblo, me siguió contando historias…, porque setenta y cinco años como palomero en activo dan para muchas. Pepe es un auténtico especialista en la caza y captura. Pepe es el último palomero de una vieja escuela dedicada al palomo “conquistador”, que es lo que a esta generación de “palomeros de leyenda” les gustaba, una escuela dedicada preferentemente al vuelo y a la caza.

Como podrán comprobar, hasta ahora, la palabra estandar no aparece en estos apuntes, lo hace a mediados de la década de los setenta, cuando se van consolidando las diferentes razas de buchonas españolas, cuando se aprueba el estándar del palomo “Buchón Gaditano”, “Marchenero”, “Buchón Jiennense”, “Granaíno”, “Veleño”, “Laudino” de Sevilla, “Rafeño” etc.

Todos estos estándares fijan las diferentes razas de buchonas españolas, pero hay algunas que no se incluyen porque nadie dice nada de ellas. Y este es el caso de nuestro buchón marteño, como en Martos no había sociedad de columbicultura, nadie sacó a la palestra el estándar del marteño, un palomo con similar historia, tiempo y categoría que las razas citadas anteriormente.

El palomo marteño ha estado presente en la historia de la columbicultura jiennense, ha aportado su sangre en la creación de otras razas y está presente en infinidad de relatos de columbicultores ilustres. Hay datos del II CONCURSO-EXPOSICIÓN “PEÑA MADRID” DE BUCHÓN DE RAZA ESPAÑOLA celebrado el año 1985 en el que, entre otras razas, se da el primer premio de la raza colillano de Martos a D. José Arance Ortego de la Sociedad “USERA”. Igualmente, en el Campeonato Nacional de Palomas de Raza Buchonas Españolas celebrado en Linares, hubo una pequeña representación de buchones marteños para que los aficionados de toda España pudieran conocerlo mejor, y, posteriormente, fuera reconocido su estandar por la Federación.

Este es el reto que los columbicultores aficionados a esta raza tenemos en los comienzos del siglo XXI. El buchón marteño tiene características propias que hacen de él una raza más. En el libro Palomas de Raza Buchonas Españolas, cuyos autores son D. Manuel Tolosa Moreno, D. Pedro Asuar Monge y D. Joaquín Jiménez López, se hace mención expresa del Origen Genético de las Palomas de Raza “Buchonas Españolas” sin estándar; en este apartado, se menciona al “Buchón Marteño” o “colillano de Martos” como raza localizada en este pueblo de la provincia de Jaén. En los criadores de esta raza y en la voluntad de la Federación Española de Columbicultura está conseguir que sea reconocida oficialmente su estandar.

En la última década del siglo XX y a comienzos del siglo XXI, las nuevas generaciones de aficionados al buchón marteño tienen distintos gustos o sensibilidades. Los aficionados de hoy piden a su buchón cosas diferentes a lo que, en su momento, pidieron aquellos Palomeros de Leyenda. Hoy, prácticamente, la única referencia que tienen los jóvenes aficionados marteños -como he podido comprobar- es que la cola de su palomo sea lo más vuelta posible, aunque algunas veces sea en forma de U y pueda ser antiestética ya que le hace una “poza”. No aprecian otras características como el carácter conquistador del marteño, su arrogancia, su vuelo ligero…. ni tienen en cuenta su aspecto general, trapío, cabeza, pico, patas… no saben lo que es un estandar, con lo cual existe el peligro de que la raza se vaya desvirtuando. Por este motivo se hace necesaria la confección inmediata de un estandar que fije definitivamente la raza marteña.

Continuando con las entrevistas a los aficionados al buchón marteño, ahora le toca el turno a la generación actual:

José García López tiene 46 años, es electricista, y de toda la vida le ha gustado la columbicultura. Voy a su taller, en la calle Santa Marta, y mantengo con él la siguiente conversación:

- Pepe, ¿desde cuando tienes palomos?

-“Desde siempre, mis padres y mis abuelos también tuvieron.

-¿Sabes algo de los orígenes de la raza marteña?

-“Eso ya no lo sé .”

-¿Sabes qué razas han intervenido en la creación del marteño actual?

-“Hombre… no sé las razas que participaron en la formación del buchón marteño, pero sí sé, que él ha intervenido en otras razas… Cuando el jiennense vuelve la cola, se acuerda mucho del marteño, no olvides que Jaén y Torredonjimeno están a poca distancia.”

-¡Qué cualidad es la que más aprecias en nuestros buchones marteños!

-“ Nuestro buchón es un palomo muy habilidoso; es un palomo de trabajo y, además, tiene mucha belleza; tiene energía para volar y para aguantar el vuelo; en resumen, es un palomo muy completo.”

- Tu palomo ideal, ¿cuál sería?

-“Es difícil… Pero debería ser un palomo que estuviera bien acompañado de delantera, que fuera bonito de cabeza y que tuviera una cola propia del colillano; no estas exageraciones que últimamente se ven y que no van con lo que ha sido el buchón marteño. Lo que realmente el marteño debe tener, como casi siempre ha tenido, es una cola más o menos de estilo canalón (media circunferencia) y una buena presencia, además de un buen aspecto general. ¡Ese es el palomo que yo quiero!”

- Entonces, ¿así debe ser el marteño?

“… El palomo marteño debe ser bien presentado, ancho, corto y con la cola bien formada; la pata debe ser morada totalmente. Del ribete del ojo, no vamos a decir, porque hay muchas variedades. La “porreta” ha de ser uniforme, aunque, como tú sabes, no es tan bonita como la del buchón jiennense. El palomo marteño, el antiguo, no éste de ahora, tiene una “porreta” rugosa y la cabeza al estilo mochuelo…”

¿Ese tipo de palomo se ha perdido?

-“Hombre, no. Lo que ocurre es que no se cuida y podemos perder características muy importantes. Por esto es muy necesario la confección de un estandar que le fije las características principales.”

-¿Tu crees que el marteño debería convertirse oficialmente en una nueva raza?

-¡Hombre, para mi gusto sí! Porque nuestros palomos son de una raza desconocida para la mayoría de los columbicultores de fuera de Martos. Yo creo que al marteño no lo conocen los aficionados de otros lugares. Y sería interesante que se convirtiera en una raza oficial.

“… Se distingue muy fácilmente de otras razas. En la mano, en el vuelo, “trabajando”… lo que ocurre es que no lo ha experimentado casi nadie fuera de nuestra ciudad. Los aficionados a la columbicultura no lo han estudiado ni saben las condiciones que tiene.”

- Pepe, también puede ser que nosotros no hemos hecho mucho por él…

-“¡Pues también!”

-¿Sabes, si hay actualmente muchos criadores del marteño?

-“ En Martos hay muchos criadores. Del marteño antiguo, hay menos…, hoy se cría con otros criterios que, yo, respeto, pero no comparto. Al buchón marteño le han hecho últimamente una serie de cruces, por hacerlo más bonito, o por darle más cola, que ha perdido la majestuosidad que debe llevar volando y ha perdido delantera, y lo más importante, ha perdido carácter. Yo sigo con mi línea tradicional antigua.”

-¡Total, Pepe, que aquí, ocurre lo mismo que está pasando con “su primo” el buchón jiennense: que hay muchas tendencias, y no se ponen de acuerdo los columbicultores de cómo debería de ser!

-“¡Eso mismo! Pero, ellos tienen su estándar y deberían llevarlo mejor, nosotros todavía no lo tenemos”

“… Yo creo que aquí hay dos tendencias: el buchón marteño moderno, con la cola exagerada, y el marteño de raza antigua, que vuelve menos la cola.”

-¿Y cuál abunda más?

-“… Voy a poner un ejemplo: si en Martos hubiera 50 criadores de nuestro buchón, 35 serían del moderno y 15 serian del antiguo.”

(Los cálculos serían un 70 % al moderno y un 30 % al palomo tradicional marteño)

- Bueno, Pepe, ya que me estás nombrando estas dos tendencias de palomos buchones marteños, ¿existe mucha diferencia entre ellas?

-¡Para mí, como de lo blanco a lo negro! Para otros aficionados, a lo mejor no tanto. ¡El antiguo es “un señor palomo”! y, el moderno, es un palomo que lleva la belleza del marteño, pero que vuela más rápido, lleva la cola más pronunciada, más cerrada y, por tanto, no puede volar bonito ya que tiene menos estabilidad en el vuelo. La cola, como sabes, es el timón para volar, si la tiene menos cerrada, el palomo volará con más temple, si la tiene más cerrada, el palomo casi no lleva delantera y su vuelo es menos bonito.”

”… Si viéramos volar palomos de raza antigua y palomos de raza moderna, el antiguo lleva un vuelo ¡como las jacas de Peralta!, un vuelo reposado, un vuelo elegante y “buscando”… mientras que el marteño moderno no es tan bonito.”

-¿Tu crees que sería interesante hacer una sociedad de columbicultura en nuestra ciudad para unificar criterios?

-“Hombre, Juan, ¡eso sería bonito! De esa manera se daría a conocer mejor nuestra raza.”

“… Yo tengo muchos amigos que les gusta el marteño moderno, porque les gusta esas exageraciones de colas, porque, parece ser, que el palomo que tenga la cola más “entubada” es más valioso… cuando en realidad, eso no debería de ser así. A mí ese palomo no me gusta. El palomo que a mi me gusta es el antiguo, el que tú has visto en mi casa, el que debe de tener ¡UNA COLA VUELTA, MUY ANCHA Y UNIFORME!

Este es mi amigo Pepe García, alias “El Chicho”, un hombre fiel a la vieja tradición columbicultora marteña, así como al antiguo Buchón Marteño o al “colillano de Martos”, como él quiere que se sigua llamando..

Ya para terminar esta serie de entrevistas, me reúno con algunos columbicultores actuales de nuestro palomo, uno de ellos, ha conformado las dos tendencias: buchón marteño antiguo y moderno, y ha obtenido palomos de trabajo, elegantes y pausados en el aire…, en fin, un buen buchón marteño en el aire, aunque, en la mano, su aspecto morfológico deja que desear, dado la influencia más que apreciable de alguna que otra raza sevillana, de mayor tamaño.

Se llama Antonio Ruiz Espinosa, pero todo el mundo lo conoce por “Pastrana”, vive a principios de la calle San Bartolomé y tiene un palomar con unas vistas al pueblo que es todo un lujo…

- Antonio, ¿desde cuando esta afición al palomo?

-“¡Antes de nacer!… desde que tengo conocimiento hay palomos en mi casa.”

-¿Qué edad tienes?

-“ Nací en el 1940, tengo sesenta y un años.”

- Sabemos algo de los orígenes de nuestra raza, cómo se formó, qué cruces se hicieron…

-“Hombre… la parte esa no la sé. Porque me los encontré así.”

-¿Qué cualidades tiene nuestro buchón?

-“Es un palomo bonito y volador… tiene el buche “aperado” (en forma de pera), cuello largo, alto de patas… todo lo que tiene un palomo completo.

- Antonio, ¿no me estás definiendo el buchón jiennense?

-“No.” El palomo nuestro tiene esas cosas….

“… El palomo que tiene raza, lo dejas sólo y está el tiempo que sea y no te lo cogen.”… Yo he tenido muchos de estos.”

-¿Hay muchos criadores en Martos?

-“Criadores hay muchos, pero lo que son palomeros, “palomeros delicados”, de esos hay menos. Ser criador no es tan fácil, aunque lo parezca. ¡Criador es el que saca buenos palomos!, y, para eso, ¡hay que saber anotar bien en la libreta!

“… Selecciono las palomas que dedico a la cría… las clasifico, y digo: voy a dejar esta media docena de palomas, anchas y con trapío y unos machos que las acompañen. En la selección de la raza hay que ser duro y sacrificar lo que no vale… Ahora, de los que tengo, cualquiera es bueno para cruzar con otro, porque ya han pasado por muchos filtros y tamices, y. así, consigo buenos ejemplares.”

-El marteño sabemos cómo vuela, ¿tu crees que sería conveniente fijar un estándar de fenotipo?

-“Si se hiciera una sociedad de palomos, sería lo ideal. Allí, tendríamos reuniones y unificaríamos criterios, aunque siempre habrá quién tenga sus gustos. “… Si se hiciera un estándar, la cola vuelta hacia arriba debería tener su importancia, como también que el palomo volara muy bien…”

El ruido de las motos, al pasar por la calle, interrumpía con frecuencia nuestra conversación, pero mi amigo “Pastrana” ya me había manifestado lo que consideraba, él, más importante del palomo marteño…

SOLAMENTE LE QUEDA UN MARTEÑO

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Si vienes a Martos y preguntas por Francisco Rosa López, casi nadie te va a decir dónde vive; si preguntas por Francisco “Cenizo”, todo el pueblo te indicará dónde vive: en la calle San Pedro, en lo alto del pueblo… ¡cerca del cielo! Es un hombre bueno, amable y muy trabajador. Mi familia era muy amiga de “Los Cenizos”. (Este apodo lo llevan porque antiguamente tenían un horno de leña y les pasarían muchas anécdotas con la ceniza que por allí había).

Estoy con él, en una pequeña habitación con sabor a otros tiempos, junto a un hermoso patio y con unas bellísimas vistas a la Plaza de la Constitución, y empezamos a charlar, entre cantos de canario y de jilguero…

- Francisco, ¿qué edad tienes?

- Nací el 16 de Julio de 1931. Tengo 70 años.

- ¿Desde cuando tienes palomos?

- Mi padre, los tenía en el horno, después, me los pasó a mi. ¡Mira si hace años que hay palomos en mi casa!

“… Yo creo que mi padre los tenía desde niño; ahora, a mí, ya no me queda nada más que ese macho nevado, que ves. Se murió su compañero, un macho azul, y está muy triste.

- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos palomos?

-“Aquellos palomos me gustaban “treinta veces” más que los que hoy tenemos. Eran palomos que tenían la cola llana y abierta, que por eso les llamábamos colillanos; algunos, la volvían un poquito más de las puntas; tenían el pico fuerte y corto, porretas grandes y una delantera fenomenal!”

“…¡Palomos que buscaban mucho, los dejabas solos y te divertías con ellos! … Me gustaba que los pichones desde muy jóvenes no vieran palomillas. Algunos pichonatos han traído una paloma a su palomar,

¡Y NO SABÍAN PISARLA!

… Lo que sí sabían eran “trampear”, ¡que es lo que a mí me ha gustado más en la vida! “…Y el palomo ha sido eso: ¡que trampee! Que viniera un zurito o un perdido, y ya no lo veías nada más que asomarse a la trampa y llamar. Mis palomos los metían en la trampa, que daba gloria, y yo, ¡disfrutaba con eso! Los de hoy, ya no lo hacen.”

“… ¡Los he tenido en suelta años y años y me han durado mucho! De joven, tenía volando cuatro o cinco machos, y no les echaba paloma.

Los palomos

los hemos ido

“refinando”

“… Hoy el palomo sale con una cola muy vuelta, pero… da una salida y se vuelve, no está preparado ni es tan “duro” como los de antes. Es un palomo que no busca como aquellos, aunque es, quizás, más bonito…. El que sale bien acompañado de delantera, me gusta, pero son los menos. ¡Cómo la delantera que tenían los antiguos, con aquellos buches y mirando así por el caballete… Aquella planta, no la tienen los de ahora!!

“… A mi de toda la vida el palomo que me ha gustado es el colillano nuestro; el de ahora, tiene una exageración de cola, pero no vuela elegante.”

“… Tuve una vez un palomo de la raza de “Manduca”, que se lo “pillé” a Los Castillos, que eran panaderos…, ¡era un nevado precioso! De ese palomo, saqué un azul y una nevada. El macho - cuando ya comía- se lo di a mi tío Félix, un “Cenizo” que tenía palomos en su horno de la calle Roa. Se lo regalé y le dije: ¡“Chacho”, que es de una raza muy buena! Cuando lo hizo a volar, el pichón se remontó y lo cogió un vecino, Pepe “Jarruña” o “Pepe el de La Pepa”, que vivía en “Las Espeñuelas”…, como, Pepe, sabía que el palomo era de la raza de “Manduca”, le hizo criar y sacó buenos ejemplares, ¡todos azules y con vuelo! Este palomo azul, le llamábamos nosotros “El Azul de Pepa”. Luego, como José “El de La Pepa” trabajaba en la fábrica de Juanito Rizquez, se lo vendió a él… Ése palomo tuvo mucha descendencia en Martos”

(Esta historia es de hace más de 50 años, pero, como se puede comprobar, el paso del tiempo no le ha quitado viveza ni matices. Forma parte del legado cultural que unos palomeros con más de 80 años han dejado a las nuevas generaciones… Historias y leyendas que han conformado una raza única de palomos: LA RAZA MARTEÑA… pero sigamos con el relato de Francisco)

- Francisco, me hablan de un palomero que vino de Valencia…

- Si, verás, como fue… Teníamos aquí los colillanos… cuando vino este señor - moreno, alto y fuerte-, y se juntó con Castillo y con otro aficionado que se llamaba Pulido, que era panadero; entonces, hicieron una sociedad de palomos de “pica.

Aquí,

No había nada más

Que el Marteño

… y tuvimos que hacernos socios… “porque había que hacerse”. Cuando había concurso, teníamos que encerrar los marteños, porque se perdían los picas… ¡aquellos palomos valían mucho dinero!

“… Si soltabas los palomos cuando había concurso, la guardia civil iba a tu casa. El origen de la sociedad de caza La Paloma, hoy existente, viene de aquella sociedad de picas. Allí, pagábamos dos pesetas todos los meses, y en un salón que tenía Pulido en la calle La Fuente, hacíamos las reuniones.”

“… Soy criador, me gusta el vuelo y el palomo ladrón.”

- Francisco, ¿los criaban los padres a pico, o pasabas la “postura a otra pareja?

- “ Los criaban los padres, por lo que, algunos, “morían del buche”.

- Francisco, ¿qué es lo que más te gusta del palomo marteño?

-¡ Adoro su vuelo, que se retire y busque zuritos, perdidos…, pichones… Que se pare en los tejados donde haya palomos. Pero lo que más me gusta del marteño es su “trampeo”.

“…¡No puede haber un palomero de Martos, de aquella época, que diga: A “Cenizo” le he cogido un palomo, ¡ni uno! ¡A mi nunca me han cogido un palomo en suelta! ¡Y yo, aquí, me he juntado con diecisiete machos volando!”

- ¿Os fijabais mucho en la altura de patas, en la cabeza, en el pico..?

-“… Entonces no nos fijábamos en eso. Nos gustaba que fuera bueno en sus acciones y que volara mucho.

… A mi el buchón jiennense no me gusta, tiene una planta bonita arrullando y puesto en su palometa, pero cuando sale volando, se “desarma”. Para mí, el palomo marteño, cuando vuela, ¡es de una belleza fenomenal!”

- Tenemos un palomo que es único en España…

-“S, pero nadie se ha preocupado de él. No tiene una sociedad que lo defienda…, crearla sería bueno.”

- En eso estamos, Francisco, en eso estamos.

Después, me enseñó sus pájaros, sus canarios… me contó su anécdota de: cómo, aprovechando su condición de albañil y con la autorización de la Madre Superiora, subió al tejado de San Francisco y cogió con la mano un azul ali-blanco de Juan Rizquez (que por cierto no tenía “pisa”). Gracias, Francisco, por la amabilidad con que me has recibido. Espero que para el próximo Otoño tengamos reconocida una nueva sociedad de columbicultura en Martos, que nuestro Ayuntamiento nos dé un “empujoncito” para poder tener su sede en tu barrio, en tu Plaza, y que allí, nos puedas seguir deleitando con esta cultura marteña del palomo, que es tan natural como la vida misma.

Uno de los Mejores Palomeros

Clasificado bajo: Uncategorized — Administrator @ 3:59 am

Hablar de Antonio González Gonzàlez es hablar de la astucia, de la sagacidad y de la inteligencia puesta al servicio de la captura de un palomo. Pero también es hablar del Real Madrid, de sus nueve copas de Europa y, como no, de sus magníficos palomos, todos ellos bien preparados para una antigua modalidad del bello deporte de la columbicultura, como es la suelta. Me reúno con él en el bar Roma de Martos y, entre vermú y vermú, me cuenta:

“… Nací en Martos, un 10 de Abril de 1931, en la calle Dolores Torres, en esta calle,

empecé a tener mis primeros palomos.”

“… En el año 1936, cuando empezó la guerra, había muchas necesidades. Mi padre tenía un comercio y había “trapicheos”…, algunas veces daba artículos por comida. En una ocasión, le cambiaron gran cantidad de palomos por artículos de su tienda, eran para comérlos; yo, cuando veía alguno que me gustaba, decía: ¡este no, este no se toca! Así empezó mi afición.”

- Antonio, aquellos palomos marteños, ¿volvían la cola?

-”Si, aunque menos que los de ahora. “… Había por entonces buenos palomeros: Francisco “Cenizo”, “Pestaña”, Pepe “El Pintor”, el célebre sombrerero Ocaña, que le decían “Cachichi”…

- Me hablaba Juanito Rizquez de un señor de Valencia…

-”Ah, bueno, ese señor, creo que vino de Valencia o de Murcia. Pero antes de venir él, estaban nuestros palomos…

¡El buchón marteño lo hemos hecho nosotros!

“… A mi me entusiasma la “caza”, es el deporte que yo he practicado… No sé si Juan Rizquez se acordará, un día, en la Fuente Nueva, le dije:

- Juan, no te quiero coger el palomo (un hijo del Azul de Pepa). Y me dice:

-¡A ese no hay quién lo “pille”!

- Ven conmigo a mi casa, le respondí.

… Cuando llegamos… ¡lo ves en las perinolas del cine San Miguel!, bueno, pues ahora verás, solté una de mis palomas, y su palomo la siguió hasta la trampa… “Le tuve que dar dos escobazos” para que no se metiera.”

“… Los palomos marteños se mecían volando”… lo hacían señorialmente y tenían un buen buche, pero no exagerado. Eran palomos ligeros y voladores. No eran de esos que son más estrechos que un “silbido”.

- Antonio, ¿cómo ponían la cola los marteños de antes?

-”No sé, no recuerdo… pero no eran tan exageradas como los de ahora…

(¡Cómo la de aquel plumín que una vez le cogí a Juanito Rizquez!: Su suegro, Pepe Jiménez, hacía una exhibición con él: siempre que iba alguien a verlo, cuando el palomo entraba volando al palomar, le impedía la entrada con la mano y el palomo al remontarse, ¡ponía una cola impresionante!… “El palomo aquel lo cazé con mi paloma y, ¡mira por dónde!, al día siguiente le veo el buche inflado, se lo llevo a D. Antonio Merino -¡que gran veterinario era… y muy amigo mío!- y le digo: ¡Mira lo que le pasa!, le operó, pero no tuve la precaución de ponerlo en un sitio fresco, era verano, le dio el Sol y se infestó y murió.”

“… Empiezo a tener palomos, en los años 40. Los que me gustaban eran los que volaban y se retiraban buscando… Un palomo de “salón” no sirve para nada, que es muy bonito, que tiene el ojo ribeteado… ¡vale!

El Palomo

donde hay que verlo

es en el Tejado

y en el Aire

“… Tenía “mal-colores”, que eran muy bonitos, pero no llegaban a los azules de Juanito Rizquez, que volando eran mejores que los míos. Poco a poco, conseguí hacerme de un palomar que causaba admiración en La Fuente Nueva: ¡venían a verlos volar gente de Jaén y de Torredonjimeno! En las perinolas del cine San Miguel, cuando iniciaban el vuelo, ¡eran un espectáculo!”

“… D. José Rodríguez Passolas, de Granada, me dio unos palomos de Osuna, de un tal Bejarano y los hice a volar. No eran como los nuestros, ¡eran más bonitos en el aire… el buche de pera, el cuello larguísimo y la cola llana! ¡Muy bonitos! Eran holgueros y, cuando volaban, no se alejaban mucho del palomar, al contrario que los nuestros.”

-¿Criaste con ellos?

-”No. Yo era el tipo de palomero al que no le gustaba criar. Yo veía un palomo que me gustaba y lo compraba, no era criador. ¡A mi lo que me gustaba era verlos trabajar en el aire!”

- Antonio, el palomo marteño no tiene el vuelo tan bonito como el holguero que tú me estás diciendo…

-“Exactamente, pero el palomo marteño es mejor que el holguero, sobre todo, para el vuelo largo y para traerte “presas”; el otro, tiene un vuelo más corto y es más perezoso volando.”

“… Luego, había otros palomos con ¡unas cabezas!… Yo conocí a un señor de Jaén, le decían José “El Blanqueador”, que tenía unos que eran impresionantes, venía mucho por Martos.”

“… Yo era muy conocido entonces, hasta tal punto, que, Rodríguez Passolas, un hombre muy célebre y muy conocido en Granada y al que le gustaban mucho los palomos, se dirigió a mi, y le mandé un palomo… ¡cómo sería el marteño que le mandé, que contrató a un pintor en Granada para que le hiciera un cuadro y lo puso en su despacho!”

- Antonio, me dices que te ha gustado el vuelo y la “caza”.

-“Hombre…, para cazar, tienes que preparar bien a los tuyos. El palomo hay que saber llevarlo.”… Lo que no se puede hacer cuando un macho está muy encelado, es meterle una hembra y rebajarlo de celo; ¡nada!, eso es contraproducente, porque cuando le quitas la hembra, se va a buscar otra y… ¡te puedes quedar sin él!”

“… Desde que comienzan los pichones sus primeros vuelos, con menos de tres meses, cogía a las hembrillas y las encerraba; después, dejaba a los pichonatos solos; alguno, cometía locuras volando, pero muchos de ellos salían muy buenos.“

“… Muchas veces llegaba un amigo a ver los palomos, y , a lo mejor, en ese momento, no volaban, y te decía: ¡suéltale una hembra! Tenías que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerle caso y soltarle una hembra. Eso no se puede hacer,

el palomo, si quiere paloma, que la busque

porque si le enseñas una paloma y lo “refrescas”, no se tranquiliza, lo que lo pones es mucho peor, cuando se la quitas.”

“… En el año 53 ó 54 se fundó aquí una sociedad de palomos de pica. Se llamaba Sociedad de Columbicultura “Blanca Paloma” y tenía su sede en la calle La Fuente. ¡Yo fui campeón! ¡Ganaba todos los concursos!, hasta tal punto, que me pidieron que no concursara, entre semana, porque estaban aburridos de que todas las palomas las cazara yo. Todavía conservo el cartel de un concurso de aquellos.”

“… Tenía mucha confianza en mis palomos, ¡una confianza tan grande!, que, un día, con Pepe “El de los Galgos”, fui a La Bobadilla de Alcaudete.”

-¿Y a qué vamos?, me dice, Pepe.

-A comprar una paloma para divertirnos un rato…

“… Total, que fuimos allí, y, a Jaime Pérez le compré una paloma con mucho celo. Cuando nos venimos a Martos y subimos a mi terraza, me pregunta:

-¿Qué vas a hacer?

-¡Coño! ¡soltarla, para que la traigan mis palomos!

-¡Anda, vas a hacer una locura! ¿Y si se pierde?

“… Cogí un macho, le di con la paloma dos veces en el buche y ¡se volvía loco!, y dije: ¡ahí la lleváis!, solté la paloma, y salieron los cuatro machos azules que tenía, detrás de ella. De momento…, ¡la paloma a mi casa…! Al comentarlo con palomeros, me decían que era mentira. Y decía mi amigo Pepe: ¡eso es verdad… que soy testigo de ello!”

(Jaime Pérez fue un columbicultor de La Bobadilla de Alcaudete (Jaén), muy aficionado a los laudinos sevillanos y a los rafeños, que los traía de Sevilla. Personalmente le conocí en los años ochenta, en este tiempo tenía ya mucha edad).

“… Yo les pintaba a mis palomos las alas en rojo, por esto los conocían, y algunas veces los palomeros me decían: En el campanario de San Amador hemos visto un palomo tuyo, ha estado toda la tarde con una paloma. Yo, les contestaba: ¡Ya la he cogido!”

“… ¡Qué cosa más bonita cuando los machos cogen a un perdido y lo meten en el centro… ¡es como los cabestros con los toros!, lo van arropando. Muchas veces me contaban: “… Lo que hemos presenciado hoy, es la maravilla de las maravillas, en el centro, llevaban tus azules un perdido… ¡dos delante y dos detrás!”

“… Los Palomos hay que saber Tenerlos,

Hacerlos y
Mantenerlos.”

“… El palomo que se monta encima de la hembra, dándole embestidas… ¡malo! Si ves uno que le da dos “arrullíos” y se va a su cajón a llamarla… ¡ese es el palomo!”

¡Así es mi amigo Antonio González!, aunque ya está retirado de la afición, las historias y experiencias que me contaba parecían que habían pasado ayer…

El Mito del Portillo

Clasificado bajo: Articulos colombicultura — Administrator @ 3:59 am

Hablar de los palomos de Juan Castro López, “alias” “Juanito Santana”, es hablar de la cuna del palomo marteño. Se ha hablado de sus palomos como palomos de bandera, y de él, como un palomero astuto y sagaz. Personalmente, no lo conozco; su hijo, un industrial de Martos, me indica dónde vive. Voy a la calle Torredonjimeno, y me recibe en su casa. Nos bajamos a la Fuente de la Villa, y allí, sentados en un bonito banco, hablamos de palomos:

- Juan, ¿qué edad tiene?

-”Pues, tengo… 80 años… ya soy bastante viejecillo.”

-¿Desde qué edad tiene palomos?

-” Desde que tengo conocimiento había palomos en mi casa.”

-¿Es que su padre tenía palomos?

-”No, un hermano mayor fue el que los “echó”. Luego, los heredó el siguiente, y cuando éste último se casó, me dijo:

¡ los palomos

se quedan ahí

para que los cuides !

… En este momento, con dieciséis o dieciocho años, me hago palomero. ¡Ya eran míos para hacer y deshacer…! ”

“… Cruzando, conseguí cosas muy buenas, siempre teniendo en cuenta no juntar hermanos, porque aunque salían bonitos, eran muy “blandos” y se metían en cualquier palomar. Un cruce que hice, y salía muy bien, era

¡el de un NIETO con una “AGÜELA”!

“… Los marteños los hemos hecho nosotros aquí, cruzando unos con otros.”

- Juan, ¿antes, os gustaban mucho las colas?

-”Si, valorábamos las colas, las porretas y … ¡el vuelo! Los palomos actuales tienen cola, pero no tienen delantera.”

-Y la cabeza, ¿cómo era antes?

-”¡Muy bonita…, cuando el palomo cumplía un año, tenía unas “ barbas”!

- Las “barbas”, qué eran, ¿verrugas?

-”Si, como verrugas debajo del pico. Aquellos palomos eran de una raza muy buena…

poco a poco se fue consiguiendo.”

- Juan, ¿cómo era el buche del palomo marteño de antes?

-”¡Los palomos de antes salían de su casa con un buche y volvían con el mismo

buche! Hoy, los palomos que hay, ni tienen porretas ni llegan con el mismo buche

que cuando salen de su casa.”

-¿Qué colores había antes?

-”Los mismos que ahora. Los colores más bonitos eran los azules -cuánto más limpios

mejor- y los nevados. Ahora bien, yo tuve un ali-blanco, con seis o siete plumas en

cada ala, y un babero chiquitito, chiquitito, como un corazón … ¡Dios, qué palomo

más bonito!… fue mío 8 ó 10 años, hasta que murió. Crié también un blanco con la cola “acenefá” en nevado, muy vistoso. Ya se ha perdido ese color, ahora los palomos blancos que se ven son los de patio.”

“… También tuve un negro - que lo saqué de dos azules oscuros - ¡qué bonito! ¡Y qué palomo andando todos los tejados de Martos y cazando todo el día!

Le pusieron

de nombre

¡CURRO!

como aquel municipal que se andaba todo el pueblo. ¡Palomo perdido que encontraba, lo traía a casa!”

“… A Curro lo llevé a Torredonjimeno y le dije a los palomeros: traed una paloma, que la “pise”… Y, allí, en el portal de la casa, ha pisado a la paloma, y desde la calle, hemos soltado a los dos… ¡y ha salido mi palomo como si saliera de su casa!¡pero chiquillo! de que ha dado dos o tres vueltas y ha visto que no era su pueblo, encogía el buche, se elevaba y buscaba su Peña… buscaba su casa en Martos.”

- Juan, ¿cómo eran los palomeros de antes?

-”Hombre, entre nosotros nos llevábamos “bien”. Tenías que ser muy amigo, muy amigo, para decir: ¡te lo he pillado, llévatelo! Eso era muy difícil, porque el interés del palomero era pillarlo y… date por c… que te lo he pillado.”

“… Hubo un palomero aquí, Paquito Ariza, que vivía en la calle Enmedio y trabajaba en el Ayuntamiento de Martos, que se trasladó a vivir a Jaén y se llevó sus palomos marteños. ¡Cómo le gustaban los palomos!

“… A todos nos gustaba dejarlos solos y que se buscaran la vida; ahora, están revueltos los machos con las hembras”. “… Antes había palomeros que se dedicaban nada más que a soltar palomas, y como los machos fueran blandos, no te dejaban ni uno.”

- Juan, ¿ha pillado muchos palomos?

-”Te voy a decir la verdad. ¡Yo he pillado más palomos que pelos tengo en la cabeza! ¡Sin engañarte! tengo unos sobrinos que, cuando salían de la escuela, estaban al “cuidado”, y cuando veían a los míos con un palomo perdido: ¡zasss!, lo encerraban y se lo dejaban al macho… ¡al anochecer, subía y, a oscuras, le quitaba la “presa”!

y le abría la piquera otra vez… y, al amanecer, vuelta a empezar.”

- Juan, ¿éso de subir a oscuras?

-”!Subía a oscuras a conciencia!, para que el palomo no viera que le quitaba lo que tenía dentro.”

- ¿Cómo preparaba sus palomos?

-” Al palomo como andes “refrescándolo” (echándole paloma) lo echas a perder; cuando tenía pichones y comían solos, se los ponía a un macho que tenía en suelta: los encerraba juntos en el cajón y el macho se encelaba con ellos, al día siguiente, cuando abría la piquera, los pichones empezaban a asomarse, por aquí, por allí, ¡les tomaba el macho un cariño..! que cuando volaban, iba el macho acompañándolos… ¡eso, si los dejaba que se fueran!”

… Luego, separaba los machos de las hembras; a ellas, las encerraba para criar y, a los machos jóvenes, los pasaba a una piquera solos. Había alguno que después de 4 ó 6 meses, si veía que no era bueno, me deshacía de él .”

- Juan, ¿quiénes eran los buenos?

-”Los buenos eran los palomos que llegaban, daban dos o tres vueltas y dos o tres arrullos en el caballete de otro palomar y ¡vuelta para casa!, sin andar mucho por el tejado ajeno para que no lo cogieran. ¡Esos eran los buenos! … Yo siempre he seleccionado los que actuaban así, los malos me he deshecho de ellos.”

-¿Cómo son los palomos de ahora?

-”Ahora hay más exageración de colas que antes. Antes, nuestro palomo, tenía la cola más llana, hacía una “cañadilla”, como una teja vuelta hacia arriba, y hoy, los palomos que hay, casi todos, cierran mucho más la cola, pero no tienen buche.”

-¡Hombre, Juan, los habrá que tengan buena delantera!

-”Si. Pero muy pocos. Yo creo que, como vuelven más la cola, es por lo que no pueden llevar la delantera tan elegante como los de antes.”

-¿Todos los marteños han vuelto la cola?

-”No, todos no. Antes había algunos marteños con la cola llana, pero llevaban la raza y sacaban buenos descendientes.”

“… Cuando venía una “humedailla” (lluvia), cambiaba los machos y soltaba las palomas, y decía: ahora que no voy a trabajar, me voy a divertir… A los palomos les gustan muchos las bayas, se vuelven locos con ellas, yo las preparaba, las tenía encerradas en la cámara, con mucho celo, y cuando las soltaba: ¡a cazar, a por el macho!”

“… A los palomos de “Cenizo”, los he tenido yo al alcance de la mano, viéndoles el buche en la lujarda, pero tenían que entrar limpiamente, si no, no los pillaba!”

“ …. Me gustaba que el palomo tuviera defensa y entrara. ¿Sabes cómo he cogido muchos?: Cuando estaban muy encelados con la paloma, ponía tela metálica a la puerta de la lujarda y la paloma no se podía salir. Ella, llamaba al macho, y él venía a la piquera, en ese momento… ¡zass! Antiguamente el palomo ladrón (conquistador) era el que valía, hoy, los palomeros, solo valoran las colas, pero de “sueltas” no saben mucho”.

“… Mis palomos volaban por todo el pueblo,

LOS DE AHORA,

DAN UNA VUELTA Y … A CASA

- Juan, los palomos, ¿tienen una edad para volar?

-”Yo he tenido palomos volando con 12 años y estaban fuertes.”

- ¿Qué tipo de enfermedades tenían?

-”Antes había menos. Se embuchaban y se operaban.”

-¿Has vendido algún palomo?

-”Si, para Barcelona y Madrid, aquí en Martos ninguno.”

-¿A ti te suenan los palomos valencianos?

-”Si. Tuve un valenciano de raza antigua, lo traje de Torredonjimeno, lo crucé con palomas vueltas de cola y me dio ¡buenos ejemplares! Aquel palomo estuvo en mi casa 4 ó 5 años. Tenía unas acciones muy buenas… una cola llana, unas patas largas y unas porretas muy buenas. ¡Era un palomo buenísimo!”

“… Los palomos los he retirado solamente porque se picaban en el tejado. En el mundo de los palomos tienes que andar duro a la hora de seleccionar las característica que te gustan, si no, nunca tendrás nada.”

“… Los palomos cuando se ven mejor es por la mañana; puedes observar su comportamiento con las palomas y ver mejor sus acciones, por la tarde vuelan menos. Los palomeros de antes, teníamos unos palomos que volaban por todo el pueblo. ¡Eso era lo que nos gustaba!”

“ … Había en las Cobatillas unos palomeros que les decían los “Chorizos”, a los que di un pichón azul, que en mi casa no había volado, y cuando lo soltaron, perdió el norte de su palomar. Me avisaron que estaba en la calle Real con otros palomos y no había manera de traerlo al palomar. Entonces busqué mi nevado – su padre-, lo solté donde él estaba, le arrulló, “le metió una salida” y se lo llevó cuatro o cinco tejados por encima,. después, otros cuatro o cinco… ¡el pichón había conocido al padre! y, poco a poco, lo llevó a casa! ¡Ya, no lo pudieron hacer a volar! Lo soltaron veinte veces… y siempre se iba a mi casa del Portillo.”

- Juan, ¿qué comida le daba a los palomos?

-”¡A los palomos “arbejanos” que es lo suyo! Tiene más fuerza que el trigo, y, con menos que cantidad, es suficiente.”

- ¿Cómo les cuidaban la pluma al palomo?

-”¡Nos traíamos de las sierras de aquí, “cebollas almorranas”, que puestas en el suelo o en el cajón, eliminaban a los parásitos.”

- Algunos palomos marteños tienen 13 ò 14 plumas en la cola…

-”Lo suyo es 12. El palomo que tenga más, le hace un remonte la cola, pero esto no tiene mucha importancia.”

- Juan, qué me dice del ojo.

-”El ojo del palomo era más bonito que el de ahora. Era un ojo muy bonito, más encendío, algunos tenían un ojo de dos colores: rojo y amarillo. Ahora los ojos son amarillentos, menos vivos…, creo que eso va en la comida.”

- Juan, si quiere decir algo más.

-”Hombre… ¡que hemos echado un rato muy bueno!”

Se despidió de mi atentamente, sonriendo y recordando una parte importante de su vida.” Juanito Santana ha sido y será siempre Historia Viva del Buchón Marteño.

Con la Cuerda en la Mano,

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