LA GENETICA
En el sentido genético de la palabra, la consanguinidad expresa simplemente un
parentesco más o menos próximo en uno o varios individuos, y se dirá que son
tanto más consanguÃneos cuanto que su parentesco es más próximo.
Existen métodos clásicos de crianza y de selección dentro de todas las especies
llamadas a efectuar esta técnica, consistente en cruzar, durante un cierto
número de generaciones sucesivas: hermanos con hermanas, padres e hijas, madres
con hijos. La consanguinidad se encuentra en la base de la creación, de la
estandardización y de la mejora de todas las razas animales. Examinemos las
ventajas y los inconvenientes que pueden acarrear. Se sabe que todos los
caracteres morfológicos (colores, forma, etc.) o fisiológicos (prolifericidad,
aptitud a cebar las crÃas, calma, etc.) son gobernados por genes o unidades
hereditarias, localizados sobre los cromosomas; cada carácter puede ser regido
por uno o por varios genes. Por ejemplo, el color de la paloma jacobina plateada
es debido a la conjunción de varios genes:
COLOR: AZUL.
FACTOR DE: DILUCIÓŽ.
PATRÓŽ: BARREADO.
Cada célula, a excepción de las células sexuales (óvulo o espermatozoide), es
portadora de los cromosomas iguales, y hace que cada gen exista doble en todas
las células, salvo en los portados por los cromosomas sexuales en las hembras de
los pájaros, pues éstas únicamente poseen un solo cromosoma sexual en lugar de
dos, como es el caso del macho.
Asà que los genes, condicionando un carácter dado, ocupan siempre la misma
posición sobre el cromosoma, pero su naturaleza, es decir, su expresión, puede
ser diferente: en efecto, ellos pueden, siguiendo su manifestación, ser
dominantes y entonces se les atribuirá una letra simbólica mayúscula, como
pueden ser recesivos y entonces no tendrán derecho más que a una letra
minúscula; el término “recesivo” significa simplemente dominado.
Un ejemplo simple permitirá comprender mejor: la mayorÃa de criadores conocen
las palomas moñudas, en las cuales un penacho de plumas enderezadas detrás de la
cabeza suele dar a veces unos efectos muy graciosos. Pues bien, ese carácter es
gobernado por un solo gen; asà que es un carácter monofactorial. Los americanos,
que han sido los primeros en estudiar los problemas hereditarios, le han
denominado “crest” (traducción inglesa de la palabra “moño”) y han demostrado
que estaba ligado a la presencia de un gen recesivo que han simbolizado por “cr”.
Todas las palomas moñudas tienen, pues, dos ejemplares de ese gen “cr”; ese gen
recesivo tiene un correspondiente dominante, es decir, “Cr”, que significa
simplemente ausencia de moño, y que si existiese sobre uno de los cromosomas, en
lugar de un “cr” serÃa dominante e impedirÃa la expresión del otro “cr” y al
mismo tiempo del moño. Se dirÃa que nuestra paloma moñuda tiene como fórmula
genética cr-cr; al contrario, y se comprende enseguida, una paloma de aspecto
normal, sin moño, puede tener dos fórmulas distintas: sea Cr-Cr y se dirá que es
homocigota dominante; sea Cr-cr y entonces será calificada de heterocigota. Toda
paloma moñuda es naturalmente homocigota recesiva cr-cr. El término homocigoto
significa que los dos genes concerniendo un mismo carácter son idénticos,
mientras que el término heterocigoto significa que los dos genes concerniendo un
mismo carácter son diferentes.
Tengo actualmente en mi criadero un joven Schietti plateado bayo con moño, por
tanto no poseo ninguna paloma moñuda. Eso significa que los padres de ese joven
son los dos portadores del factor moño, es decir, que son heterocigotos por ese
factor (fórmula Cr-cr).
Después de este breve e indispensable recuerdo ya asimilado, volvamos de nuevo a
nuestra consanguinidad. Lo mismo que el moño, otros numerosos caracteres
recesivos pueden asà ser portados por individuos que no lo manifiestan (los
heterocigotos recesivos), en particular los caracteres desfavorables, que si
llegan a manifestarse, provocan anomalÃas morfológicas o fisiológicas,
acarreando la muerte del embrión en un tiempo bastante corto; esos caracteres
son llamados letales si el embrión muere antes de nacer, o subletales si la crÃa
sobrevive varios dÃas.
Si por azar, pues nada permite el poder adivinarlo de antemano, uno o varios
sujetos de una raza dada poseen esos caracteres letales, se comprenderá que
pueden transmitirlos a sus descendientes, hijos e hijas. Si se recruza juntos
esos descendientes, está claro, sin que haya necesidad de reexplicar las leyes
genéticas, que de tiempo en tiempo, al azar de los aparejamientos, habrá
recombinación de dos genes recesivos letales, esos que no existÃan en un solo
ejemplar en los padres y que determinarán la muerte del embrión. Cuanto más se
prolongue la filiación de los individuos portadores, es decir, cuantos más
descendientes se saquen, más se multiplicará la probabilidad de peligro de esas
combinaciones mortales entre los acoplamientos de hijos y nietos.
Puesto que la consanguinidad consiste en recruzar entre ellos individuos
parientes, al hilo de las generaciones, es evidente que ella puede dar lugar a
una proporción apreciable de mortalidades embrionarias, de anomalÃas o
monstruosidades, siendo también gobernadas a veces por genes recesivos. Pero
esto a la mera condición patente de que esos factores letales o generadores de
anomalÃas estén presentes en los individuos de base inicial. Esto explica los
pareceres contradictorios y las controversias apasionadas entre los aficionados
a las palomas: cierto número de entre ellos defendiendo la consanguinidad;
otros, en cambio, prometiéndola a las peores hegemonÃas, con el mismo
encarnizamiento. Y todos tienen razón, las posibilidades de suerte residen en la
fórmula genética, bien seguro desconocida en el tronco de arranque inicial. Pero
me dirán ustedes, ?por qué entonces no se evitan esos cruces consanguÃneos para
atenerse a los aparejamientos entre individuos que no sean parientes? Pues bien,
porque este método no comporta solamente inconvenientes, pues es también muy
rico en posibilidades; es la técnica de selección más rápida para obtener
ciertos caracteres. Se comprenderá holgadamente que una pareja dando una fuerte
proporción de jóvenes muy bien conformados o de un colorido infrecuente, se
tenga muchas más posibilidades de fijar ese carácter cruzando entre ellos los
hijos que lo manifiesten. Esto es también válido para el color, dibujos de la
pluma, productividad, puesta, nacimientos, rapidez de crecimiento, etc.
Los colombófilos cuidadosos de la mejora de tal o cual carácter de su raza
favorita tendrán asà un gran interés en utilizar este método, es decir, a cruzar
entre ellos los jóvenes que ellos juzgan los más bonitos, o hacer aparejamientos
madres-hijos o padres-hijas. Si por suerte su tronco inicial no posee ninguno o
pocos caracteres desfavorables, llegarán rápidamente sin accidente al resultado
apetecido. En el caso contrario, tendrán que parar en esta vÃa de la que
aparezcan combinaciones indeseables y buscar en otra familia los individuos que
juzguen convenientes y que posean todas las posibilidades -ellos- de no ser
portadores de esos mismos genes letales y generadores de anomalÃas.
Como decÃamos anteriormente, al comenzar no se puede tener ninguna certeza en
cuanto se refiere a la composición genética del tronco de origen, y a todos los
que se quejan de no tener nunca una certeza al respecto, yo les responderÃa que
no existe nada más monótono que la certeza y nada que sea más entusiasmante que
la esperanza.
No tengáis más miedo a la consanguinidad, pero aprender a serviros de ella.
(ArtÃculo aparecido en el boletÃn del club de Palomas Jacobinas “EUREKA”, de la
región de Ouebec, Canadá, firmado por el doctor veterinario Pierre Pilon.)
